El arte del bien vivir

Mujer reflexionando

Me pasa muchas veces que tengo más el título en la cabeza y una idea general que un auténtico desarrollo del texto. Mi corazón sabe antes que yo qué quiere decir. Mi cerebro llega después. ¿A alguien más le pasa lo mismo? Espero que sí…

Venía esto a colación de lo siguiente (aunque siendo completamente honestos cualquier historia podría valer, ésta no es la única ni la mejor): el 4 de junio esperaba la renovación de mi contrato, pero no podrá ser porque mi barriga de ocho meses es, lógicamente, un problema. Y las esperanzas para el “después” son muy relativas.

No quiero reivindicar nada. No me sale de dentro.

Hay quien me dice que lo haga, que quiere instigar mi rabia, quiere soliviantar mi ira… Pero ni puedo ni quiero. Desde el primer momento sabía que éste podía ser el final del trabajo que tenía. Y así fue. Todas queremos jefes y empresarios más humanos, pero una buena parte de la sociedad no lo es. Queremos incluso que las empresas y los jefes sean más humanos que el colectivo social. No es posible. Vivimos en una sociedad que se mueve por beneficios económicos, y por lo que veo, esto sólo puede empeorar. Mientras el dinero esté en el primer puesto, las personas no estarán ni siquiera en el segundo.

Pero, como decía, no pretendo reivindicar nada, así que perdónenme este pequeño excursus.

Porque el centro de esta historia se llama Chiara. En dos meses (o quizá antes) hará su aparición estelar y será para siempre. Pase lo que pase, en la tierra o en el cielo, Chiara es para siempre. Un trabajo no. Así lo dice mi gran amiga Isis y así lo siento yo también. Chiara fue pensada y elegida desde siempre y para siempre, para la eternidad. Comparado con esto, un trabajo es, perdónenme de nuevo, una nimiedad. La vida es demasiado breve y yo no tengo tiempo (o no quiero tenerlo) para echar sulfuro por mi boca. Para odiar o despreciar. Los días son cortos. Pensándolo bien, cortísimos. Nuestra existencia breve.

Y ojo, porque antes dije que el centro de la historia era Chiara. Pero no dije que fuera lo más importante, porque no lo es. Lo más importante es y sigue siendo Dios y Su proyecto. El Padre que dirige la historia, que lleva nuestras vidas. Él sabe bien lo que hace. Y no creo que esta “no-renovación” no haya sido bien pensada y meditada por su parte. No me cabe ninguna duda de que hará cosas grandes, de que tiene un gran plan para nuestra familia. No sé cuál es, pero lo descubriremos paso a paso. Mi única tarea es vivir bien el tiempo que me ha sido concedido. Y ese vivir bien también incluye este tiempo de paro y de incertidumbres. Un tiempo de dificultades económicas y de dudas en muchos sentidos. No se trata de vivir bien sólo los buenos momentos, sino de vivir bien todos los momentos.

Y el único modo de hacerlo es la confianza, es dejar atrás el miedo. Es saber que Él está ahí, acompañándote, abriéndote el mar cuando parece infranqueable, liberándote de la armadura del miedo. Todos los días hasta el final de tu vida. Nos liberó hace 2.000 años subido a esa cruz, y lo hace cada día.

Vivir bien es vivir con Él. Y así quiero vivir yo. Eso es lo que quiero que Chiara recuerde de este tiempo: no fue un tiempo de oscuridad, fue un tiempo de alegría y de confianza. Hemos elegido vivir mirando hacia arriba, con los ojos puestos en la eternidad. (Y digo “hemos” porque mi marido piensa igual).

Como dice una de mis canciones favoritas: Tú abriste el mar para que yo pudiera caminar a través de él. / Ahogaste mis miedos en un amor perfecto. / Me liberaste / y ahora yo puedo estar aquí y cantar: / Soy tu hija, soy hija de Dios.

Te esperamos, Chiara. Nada ni nadie nos puede quitar lo que ya tenemos. Y es otra hija para esta vida y también para la eternidad.

P.D.: Edito este post porque algunos de los comentarios que he recibido me han hecho pensar que no había dejado una cosa clara. Y es que no somos nosotros los que hacemos o conseguimos todo esto. No es humanamente posible no querer buscar justicia y preferir confiar. No es ningún mérito mío. Lo lógico es protestar y rebelarse. Lo contrario es un Don. Por lo tanto, las felicitaciones al de Arriba. Los de abajo somos meros instrumentos y espectadores de milagros varios.

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17 comments

  1. ¡¡¡Mucho ánimo Sara!!!
    Gracias por tu testimonio de fe en la Providencia.

    P.D.: Aunque soy varón puedo leer el blog, ¿no?
    Es una gozada leer testimonios de mujeres que hablan bien de sus maridos!!! (entre otras cosas buenas del blog, claro)

    1. Gaby, ¡muchas gracias! Claro que puedes leer el blog, faltaría más. A mí marido le gustará mucho saber que piensas así, jeje.

  2. ¡Ole!
    ¡Que post más chulo!
    Totalmente de acuerdo en todooo, en que vivimos para el cielo, en que sus planes son infinitamente mejores que los nuestros y en q los hijos son para la eternidad.
    Bendita providencia!
    Chiara traerá mucho mas que un pan (o un trabajo) bajo el brazo.
    😘

  3. Hola Sara,

    Lo primero de todo, siento muchísimo lo que te ha pasado. Como tú bien dices, la sociedad se mueve por beneficios económicos. Ahora bien, no comparto contigo que sólo pueda empeorar. Bien sabemos que todavía queda muchísimo por recorrer y que ni tú ni yo, ni siquiera Chiara, tristemente, veremos un mundo en el que las mujeres tengamos igualdad laboral. Pero piensa que antes ni siquiera existían las vacaciones, ni las bajas por maternidad. Muy poco a poco, pero se va avanzando. Desde luego que es imposible convertir a los jefes, como bien dices, en gente más humana que el colectivo social, pero hay otros métodos: las leyes, y, por encima de todo, la concienciación. Y ahí es donde tu actitud conformista puede ser perjudicial. No pretendo, como tus conocidos, instigar tu rabia, faltaría más, pero lo que te ha pasado es mucho más grave de lo que dices. Un trabajo es un derecho, es lo que nos da el pan, ni muchísimo menos es una nimiedad. Desgraciadamente no eres la primera ni serás la última mujer que pierde su trabajo al quedarse embarazada, pero piensa que no es que te hayan negado un aumento, es que te han dejado completamente sin trabajo. Por lo que dices deduzco que tienes otros medios de financiación, es lo de menos, cada uno tiene su situación particular, pero piensa que hay gente que depende exclusivamente de su trabajo para comer y dar de comer a sus hijos. Si nos conformamos quitándole importancia, diciendo “no es posible” y llamando nimiedad al trabajo le estamos haciendo el juego a esa sociedad que nos está tratando así, y si las mismas víctimas le hacemos el juego qué esperanza nos puede quedar.
    Por favor, Sara, te pido que tomes conciencia de lo que te ha pasado. No es ningún reproche, ni ninguna invitación a la ira, sino un favor que te pido que nos hagas a las mujeres: fraternidad. Es muy admirable el ánimo y la fe con la que lo estás llevando, pero recuerda que no estás sola en esto, y que ni mucho menos es cuestión de vivir amargadas el poco tiempo que nos queda, sino de mirar al futuro, porque de verdad que sí se puede cambiar, y no ya por ti ni por mí, sino por Chiara.

    1. Estimada Nazaret. Te agradezco tu comentario aunque no comparta el fondo del mismo. Decirme que “hago el juego” o que soy conformista simplemente porque he decidido vivirlo así me parece excesivo y creo que no se corresponde ni con lo que he dicho ni con lo que pienso. En cualquier caso, gracias por leernos. Un saludo!

      1. Vaya, pues te pido disculpas entonces porque no era mi intención excederme 🙁
        A mí me parece estupendo que vivas esto como te parezca y de hecho esta manera que has elegido me parece que va a ser muy beneficiosa para ti. Simplemente a la hora de transmitir ciertos mensajes se debería tener en consideración al resto de mujeres que ni siquiera pueden planteárselo así. Pero vamos, no quiero ser negativa sino todo lo contrario: mucho ánimo porque de verdad que si sabemos enfrentarnos a estas injusticias algún día dejarán de darse 🙂

  4. Sara, me encanta como has compartido esta situación con nosotras. Siempre tengo en la memoria las palabras de Benedicto XVI: “creer no es otra cosa que, en la oscuridad del mundo, darle la mano a Dios…”
    ¡¡Con esa seguridad somos invencibles!!

  5. Tiene que haber mujeres para todo: unas para reivindicar y otras para ir a lo más profundo. Pocas veces encontraremos posts de mujeres que se centren en lo segundo, así que enhorabuena Sara.
    Como muchos dicen, yo tuve “la suerte” de firmar un contrato indefinido estando embarazada. No fue suerte. Así tenía que ser. Y curiosamente después de nacer mi hijo fui yo misma quien dejé ese trabajo indefinido tan preciado para embarcarme en una aventura totalmente precaria y sin horizonte avistaba: la tesis doctoral.
    Ahora, a dos meses de que nazca mi tercer hijo, sigo con un contrato precario con fecha de caducidad. ¿Y después qué? Me preguntan a veces. A buscarse la vida, suelo contestar. Aunque sé que esa vida ya la tengo buscada desde antes de nacer. ¿Para qué angustiar el hoy pensando en el mañana?

    1. Reivindicar e ir a lo más profundo son cosas completamente independientes, y por tanto compatibles. Se puede hacer una cosa, las dos o ninguna, no veo por qué una cosa la tienen que hacer “unas” y la otra “otras” 😉
      Está genial que hayas podido tomar decisiones libremente, tanto en tu entorno familiar como laboral, pero a Sara, tristemente, le han negado la renovación en contra de su voluntad 🙁 Y las palabras que le dedica a Chiara son preciosas, pero ese sentimiento no debería ser comparado con una no renovación, lo ideal sería que sintiera exactamente lo mismo sin haber perdido su trabajo. Y desgraciadamente es un caso muy común, a día de hoy muchas mujeres deben decidir entre ser madres o trabajar 🙁

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