Lo que de verdad sostiene a una familia con 12 hijos

“No solo hay que ser buena sino que que hay que estar todo lo buena que puedas estar”. ¡Ahí es nada! Con ustedes: Mar Dorrio, una mujer que desborda fortaleza, agudeza, sabiduría y buen humor. Casada con Javier desde hace 21 años y madre de 12 hijos en la tierra y otros cuatro en el Cielo, no tardó ni un minuto en aceptar esta entrevista. La primera de una serie de entrevistas a mujeres inspiradoras, que esperamos ir ofreciéndoos periódicamente.

Eficaz, atenta y extremadamente servicial, Mar es una de esas personas a las que conviene arrimarse, y es que es capaz de iluminar la experiencia de la vida familiar con total sencillez y acierto. Lo hace a través de su blog Why not twelve? y ahora también a través de un nuevo proyecto llamado “El café de los viernes” que ha abierto al mundo a través de su cuenta de Instagram. Sobre todo ello, y, por supuesto, sobre su vida familiar, quiero yo preguntarle a esta mujer que me duplica en número de hijos y de la que no hago más que aprender. ¿Qué es lo que de verdad sostiene a una familia con 12 hijos? Pasen y lean.

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Mi proyecto para el 2018 eres tú

Pareja

Soy una mujer muy de listas, de propósitos, de agendas, de nuevos comienzos. Lo sabes. Me encanta estrenar cosas, los cambios a mejor, pero al mismo tiempo me chiflan las rutinas cumplidas, el orden establecido y la estabilidad de lo previsible. Así que, como bien puedes imaginarte, para mí el final del año y el comienzo del siguiente son momentos de reflexión y de echar la vista atrás, sí, pero también y sobre todo de nuevos propósitos y de mirar hacia delante con ilusión.

Dado que estamos ya al final del año (¡quedan sólo quince días para dejar atrás el año que nos trajo a Chiara con el parto más hollywoodiense de la historia!) estoy en modalidad “año nuevo” y llevo varios días pensando qué propósitos meter en mi agenda a partir de enero. Comer mejor y hacer deporte es casi un clásico que año tras año renuevo fallidamente, así que estaba pensando en quitarlo directamente, pero como sé que me reñirías si al menos no lo intento, ahí se quedará, un año más. ¡Espero tener más suerte que los anteriores!

En cualquier caso, mi gran propósito del 2018 eres tú.

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A vueltas con el orgasmo femenino

a vueltas con el orgasmo femenino

Me voy a meter en un jardín… Y no sé si sabré salir.

Hace unas semanas vi un anuncio de Durex en la televisión que decía así: “Dos de cada tres mujeres no siempre llegan al orgasmo en sus relaciones. Esto tiene que cambiar”. Y para resolver el problema, la marca proponía comprar su nuevo gel revolucionario. Nada, chica, que usas ese gel prodigioso y problema resuelto: tienes los orgasmos de tu vida. Evidentemente, cada empresa tiene que vender su producto, pero me quedé pensando en el fondo del mensaje: Si dos de cada tres mujeres (¡dos de cada tres!) tiene que usar un gel o cualquier otro artilugio sexual para llegar al orgasmo es como decir que algo no funciona del todo bien en la mujer y por eso tiene que acudir a soluciones externas, ¿no es así?

En esta misma línea, una encuesta realizada por Bijoux Indiscrets, una empresa que se dedica a comercializar productos y juguetes eróticos, revela que el 52,1 por ciento de las mujeres ha fingido orgasmos alguna vez, que el 43,2 por ciento lo hace para dar por finalizada la relación sexual, y que un 22,5 por ciento de las mujeres no logra el orgasmo durante el sexo nunca o casi nunca. Inquietantes estadísticas. Sobre todo hoy en día en que parece que todo el mundo tiene una vida sexual de lo más satisfactoria.

¿Va a resultar entonces que las mujeres estamos mal hechas? ¿De verdad ese es el problema?

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Menos corresponsabilidad y más entrega

De un tiempo a esta parte escucho mucho hablar de “corresponsabilidad en el hogar” en el sentido de “reparto equitativo de tareas” entre hombre y mujer. A priori puede parecer una reclamación noble y necesaria, pero a mí me parece francamente insuficiente.

No niego que puede ser práctico repartir tareas por logística familiar, pero no comparto en absoluto que la razón de fondo deba ser una cuestión de igualdad entre los sexos. Para mí no hay otro motivo que sostenga la gestión del hogar que el amor al otro y la entrega mutua. Sí, sé que puedo parecer un poco exagerada, pero es que no somos una empresa. Y si el amor conyugal está en el corazón de la vida familiar, también lo está en las tareas domésticas.

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Dale la vuelta a las gafas

Cambia de gafas para cambiar tu relacion de pareja

Es muy recurrente esa frase de Gandhi que dice “Sé la persona que quieres ver en el mundo”. También hay una variante que habla del “cambio” y no de la “persona”. No sé bien cuál de las dos es la correcta. Como sea. En realidad no es importante la frase, sino que viene a colación del tema que nos ocupa hoy, y que llevo muchísimo tiempo meditando (y tratando de poner en práctica en la medida de lo posible en mi propia esfera personal), y que es una vuelta más de tuerca a la célebre cita. Podríamos decir, “Sé la persona que quieres ver en tu casa”, y más especialmente, dentro de la relación de pareja, “Se la persona que él querría tener a su lado”. Sé una persona al lado de la cual él quiera estar.

Quizá esto suene un poco a mujer sumisa y sacrificada, una visión de la que huimos como si fuera la peste. Pero creedme, nada más lejos de la realidad. Detrás de esto se esconde un gran secreto para una vida de matrimonio feliz y plena.

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El cáncer y la cebolla

Cuando aparece el cáncer de mama

Me llamo Laura, tengo 38 años, y estoy casada desde hace casi siete con José Antonio Méndez, periodista y serio aspirante a la santidad (aunque él, como todo presanto que se precie, se escandalizará cuando lea esto último). Soy profesora de Matemáticas en un instituto público, y para terminar esta presentación, añadiré que no soy supersticiosa, a pesar de que fue, precisamente, un martes 13 de marzo de 2012 cuando me diagnosticaron un cáncer de mama de grado 3. El pronóstico fue bastante regular, porque el tumor había estado creciendo durante los casi seis meses que transcurrieron desde el nacimiento de nuestro primer hijo, Mateo. Una negligencia de esas que a veces se escuchan… pero vivida en primera persona. Me noté un bulto muy grande, pero cuando fui a la cura de los puntos tras el parto, la ginecóloga sentenció que se trataba de un bulto de leche al que no había que darle mayor importancia… sin ni siquiera palparlo. Seis meses después, cuando volví algo preocupada porque aquello no desaparecía, la película era otra muy distinta. Y, desgraciadamente, los protagonistas éramos nosotros.

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