“Antes de morir, mi hijo me señalaba el Cielo con el dedo”

Un día Santi empezó a vomitar y a tener fiebre alta. Sus padres, Santiago Cañizares y Mayte García, acudieron a urgencias del hospital. Pensaron que sería cualquier virus o enfermedad común. Pero no fue así. Su pequeño de 3 años tenía un meduloblastoma, un cáncer infantil muy grave localizado en el cerebelo, del que -según les dijeron- pocos niños sobreviven. La vida del pequeño Santi se quedó colgando de un hilo cuando, días después, empezó a convulsionar y entró en coma. Le siguieron dos infartos cerebrales. Santi, sin embargo, sobrevivió a aquellos episodios dramáticos. Todavía tenía una gran misión por cumplir, para la que necesitaría 15 preciosos meses.

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Hola, tengo 4 hermanos…y tele.

Mis padres tenían tele y 5 hijos, o sea, eran el imán de un sin fin de comentarios que seguro que te suenan… ¡¡muchos de ellos los recojo en este vídeo!!

Un entrañable anecdotario para que, como siempre, nos echemos unas risas…

 

 

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Cuando los métodos naturales fallan

Quien tiene hijos pequeños sabe que son siempre directos en sus preguntas y originales en sus respuestas. Mamá, ¿de dónde vienen los niños? Cuando trataba de explicárselo a mi hija de seis años (¿ya a estas edades lo preguntan?), me cortó impaciente. Al no encontrar ningún sentido a lo que yo le trataba de explicar, su solución fue que por qué no me tragaba directamente la semilla y así todo resultaba más fácil. Os podéis imaginar la cara que se me quedó.

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Dejar y dar. In memoriam Marta

Eran las nueve de la mañana del tres de octubre de 2018 en la calle Ana de Austria del barrio madrileño de Sanchinarro. Como es habitual, varios coches en doble fila, otros saliendo y los que llegan aprovechan los huecos. Todos nos movemos de modo automático, damos los buenos días y se percibe un típico vaivén cotidiano con el que a ritmo vertiginoso dejamos y damos a nuestros hijos en la escuela infantil. Esa mañana, desapercibido, un padre olvida dar a su pequeña, la deja en el coche y marcha a su trabajo.

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¿Qué te deparará la vida?

Dime, hijo mío: ¿Qué te deparará la vida? Me lo pregunto cuando te miro abandonado a mis brazos, mientras te alimentas de mí sin preocupación.

¿A qué se dedicarán tus manos, esas pequeñas y preciosas que hoy se aferran a mi camiseta para que no me separe de ti? Quizá se afanen en escribir palabras y medio juntar frases como intenta hacer tu madre. Quizá sanen heridas del cuerpo, o del alma. Quizá construyan, creen o diseñen. Quizá enseñen, muestren o acunen. Quizá cuenten, oren o incluso conversen. Quizá sostengan, acaricien y, ojalá, amen.

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Hermanos

Seis hermanos / Foto de Isis Barajas

Que mis hijos sean seis hermanos es hoy una rara avis, y sobre ella he de admitir públicamente algunas cuestiones…

Es cierto que no frecuentan muchos cumpleaños, ni van de vacaciones al extranjero, ni cuentan con espacio propio en casa (a excepción de su cama)… Es cierto que estrenan poca ropa, que deben ponerse de acuerdo para ver una película apta para todos y que hay que apretarse para caber en la mesa de la cocina. Es cierto que deben esperar turno para jugar veinte minutos al iPad en el fin de semana y que incluso para contar cada uno sus batallas del colegio hay que organizarse y esperar que toque la vez.

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Una persona puede cambiar tu vida para siempre

chiara corbella

Conocí la historia de Chiara Corbella en el 2014, gracias a mi amiga Sofía (un hurra por ti, ¡eternamente agradecida!) y desde entonces me acompaña siempre en el corazón porque nada ha sido igual. Han pasado ya cuatro años y sigo pensando lo mismo. O incluso más aún: que puede cambiar tu vida y también, quién sabe, ojalá tu (mi) muerte.

A grandes rasgos, ésta es la historia: Se casó con 25 años y un año después dio a luz a su primera hija, que nació con anencefalia y sobrevivió cuarenta minutos tras el parto. “El momento en el que he visto a mi hija ha sido un momento que no olvidaré jamás. Han sido unos minutos inolvidables. El día de su nacimiento podré recordarlo como uno de los días más bellos de mi vida”, dijo Chiara al respecto. Como dice el libro, se habían preparado para lo peor, no para tanta belleza. Un año después, Chiara da a luz a Davide Giovanni, de nuevo con una enfermedad incompatible con la vida pero absolutamente diferente a la primera, y que de nuevo vive otros cuarenta minutos. Chiara decía: “No entiendo, pero lo acojo. Si Dios crea la vida para la eternidad, ¿cómo le voy a decir que no?”. Sabían que Dios no les había decepcionado la primera vez, y se fiaron la segunda. Y de nuevo, vuelven a dar testimonio de que están contentos y agradecidos a Dios por la belleza de todo lo que han vivido. Meses después, Chiara se queda de nuevo embarazada. Esta vez todo procede normalmente, Francesco es un bebé sano que va adelante sin problemas. Sin embargo, en el quinto mes de gestación a Chiara le detectan un tumor en la lengua que poco a poco se va extendiendo a los demás órganos. Decide posponer el tratamiento hasta poder dar a luz sin riesgos para su hijo. Cuando llega el momento, el cáncer está ya muy avanzado y un año después muere.

Como decía, ésta es la historia, los hechos. Pero hay mucho más.

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Hacer extraordinario lo ordinario

Juan tiene una enfermedad rara

Conversación normal en mi casa en un día en el que hemos invitado a un amigo de los niños a jugar:

– Éste es Juan. Juan, dile “hola” a mi amigo (y Juan, encantado, como siempre, saluda alegremente). Mira, ¿ves? Tiene las manos así como cerradas y no las puede abrir mucho. Pero ha mejorado un montón y ya hace muchas cosas. Casi todas. Y él solo.

Y con esta sencillez aplastante es como mis hijos resumen la patología de poca incidencia, catalogada dentro de las enfermedades raras, que padece nuestro quinto. Artrogriposis congénita distal. Lo escribo, y el Word de mi ordenador sigue señalando en rojo este nombre dichoso, como si no existiese. Debe ser que, debido a su poca incidencia, esta patología aún no es muy conocida. Y parece que lo poco conocido no es digno de normalizarse, ¿puede ser?

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El tablón del agradecimiento

Tablón del agradecimiento

Hace un mes compartí en mi instagram una imagen de una preciosa costumbre que tenemos en nuestra casa desde hace cinco años. Se llama el tablón del agradecimiento y le atribuyo la “mágica” propiedad de crear gratitud y felicidad en el corazón con tan sólo mirarlo. ¿Os apuntáis?

Se trata simplemente de comprar un corcho de esos gigantes en forma de tablón para colgarlo en una pared visible de la casa. Nosotros hemos elegido un espacio intermedio entre la cocina y el salón (visto que hemos unido ambas habitaciones), pero anteriormente estaba en la cocina. Busca un lugar por el que pases y ante el que tengas la oportunidad de pararte diariamente. Algo que puedas ver cada día cuando te levantas, o cuando desayunas, o cuando vayas al salón un rato. Si queda relegado a una habitación que no utilizas diariamente o un pasillo por el que vas corriendo perderá el efecto prometido.

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El mayor ya lo sabe

El mayor ya lo sabe

No lo esperaba tan pronto. Confiaba en tener un añito más de inocencia intacta y más después de haber superado la prueba de este año con nota. Mi hijo mayor, de 9 años, había pasado unas Navidades estupendas y, por supuesto, tenía una ilusión enorme por que llegaran los Magos de Oriente. Hizo su carta con bastante antelación y se la entregó a Melchor justo en la víspera de la Epifanía en nuestra parroquia. Ningún comentario parecía cuestionar nada. Solo dijo: “Mamá, yo creo que los Reyes que vienen a la parroquia no son los de verdad”. Y ya.

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