Una recomendación educativa y una receta para niños

Dos al precio de uno, que la crisis sigue apremiando. ¡Todo sea por nuestros niños!

Empecemos por la recomendación: después del sensory board del que ya os hablé hace tiempo, ahora os aconsejo también la torre de aprendizaje Montessori. La recomendaría una y mil veces. No digo que la usamos todos los días, pero casi casi. Nosotros compramos ésta (me vais a perdonar, pero para el tema de los acentos soy muy old style) de segunda mano, aunque hay muchas otras para elegir, y algunas incluso Do It Yourself customizando este taburete de Ikea.  Pero también os digo una cosa: basándome en mi experiencia, no recomendaría las otras. Ésta torre es la única con forma de cubo, es decir, cubierta en todos sus ángulos.Las demás tienen siempre barras de protección laterales, no paredes de protección laterales. Y, a mi modesto entender, un cubo total evita de que el niño pueda resbalar y caer (¿O acaso mi hija es la única capaz de tropezarse en suelo llano sin ningún objeto alrededor? ¡Decídme que no!), golpeándose el mentón o quién sabe qué en su caída. Lo dicho: aunque yo la compré de segunda mano, vista su calidad y robustez la compraría también nueva, incluso costando lo que cuesta.

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Tres tentaciones del ama de casa (inexperta)

Tentaciones de la ama de casa

Y lo de ama de casa “inexperta” lo digo por mí. Empecé a trabajar de lo mío antes de terminar la carrera y desde entonces solo he tenido la interrupción de mis permisos por maternidad. Así que lo de empezar a dedicarme de forma casi exclusiva a la vida doméstica y familiar ha sido un reto importante para mí. Pensaba que esto era bastante sencillo, que me iba a sobrar el tiempo para tener la casa en orden, que podría cocinar más y mejor, que no me iban a faltar momentos para atender a mi familia, que tendría tiempo para leer, para hacer más colaboraciones en medios, y no sé cuántas cosas más… Creo que se me olvidaba que tengo cinco criaturas y que soy algo insensata.

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El bicho, los abuelos y la tribu

El bicho, los abuelos y la tribu

Me van a perdonar, pero hoy vengo a hablarles del bicho. No, no me refiero a Cristiano Ronaldo –no hagamos sangre y dejémoslo para otro día– sino del parásito (un vulgar estreptococo con pintas en el lomo) que me ha tenido literalmente tumbada en cama durante todo el puente. A mí y a mis hijos, que aún seguirían con 39 de fiebre si la pediatra no hubiera decidido repetirles el streptotest que hace una semana había dado negativo. Una semana tirando de Dalsy porque ellos –por supuesto– solo tenían catarro de vías altas, que es lo que tienen todos los niños que van a la guardería mientras no se demuestre lo contrario. Así que ese era el panorama: ellos con su fiebrón y su Dalsy, yo inflándome a penicilina, y su entregado padre limitándose a sobrevivir. Hoy, por fin, tras una semana inenarrable, la pediatra ha decidido sacar los tanques y darles el antibiótico: al parecer el estreptococo no solo ya era de la familia sino que se había comprado una batamanta y se había abonado a Netflix. Esperemos que no tarde mucho en marcharse.

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Deja el móvil a un lado

Las cosas sorprendentes que pasan cuando dejas el móvil a un lado - mujeresteniamosqueser.com

(Y esto me lo digo, en primer lugar, a mí misma.)

Déjalo.

El mundo sigue girando.

Tus amigos te seguirán queriendo.

Instagram seguirá siendo interesante cuando vuelvas a mirarlo.

Tus mails personales te estarán esperando.

 

No habrá tragedias.

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Los regalos escondidos en la vida de los padres

Los regalos escondidos en la vida de los padres

Es un regalo envuelto a veces con un papel un poco feo. No vamos a negarlo: no siempre es atractivo a primera vista. A veces viene en forma de trona-sucísima-por-cuarta-vez-hoy. Otra vez en forma de niño que se te agarra a la pierna mientras cocinas porque quiere cotillear qué haces, o simplemente está cansado. Otra en forma de zapato que se ha desatado por sexta vez en el paseo de la tarde. Otra en forma de “¿Sacamos las ranas saltarinas del bote y hacemos una última competición?” justo antes de tenerlo que llevar a lavarse los dientes, rezar y dormir. Sacrificio tras sacrificio. Una y otra vez.

Las ocasiones son muchas. El regalo difícilmente se entrevé.

Y sin embargo, está.

Hagamos forward hacia el futuro y hablemos con tu yo de dentro de… 30 años.

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