“Antes de morir, mi hijo me señalaba el Cielo con el dedo”

Un día Santi empezó a vomitar y a tener fiebre alta. Sus padres, Santiago Cañizares y Mayte García, acudieron a urgencias del hospital. Pensaron que sería cualquier virus o enfermedad común. Pero no fue así. Su pequeño de 3 años tenía un meduloblastoma, un cáncer infantil muy grave localizado en el cerebelo, del que -según les dijeron- pocos niños sobreviven. La vida del pequeño Santi se quedó colgando de un hilo cuando, días después, empezó a convulsionar y entró en coma. Le siguieron dos infartos cerebrales. Santi, sin embargo, sobrevivió a aquellos episodios dramáticos. Todavía tenía una gran misión por cumplir, para la que necesitaría 15 preciosos meses.

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Dejar y dar. In memoriam Marta

Eran las nueve de la mañana del tres de octubre de 2018 en la calle Ana de Austria del barrio madrileño de Sanchinarro. Como es habitual, varios coches en doble fila, otros saliendo y los que llegan aprovechan los huecos. Todos nos movemos de modo automático, damos los buenos días y se percibe un típico vaivén cotidiano con el que a ritmo vertiginoso dejamos y damos a nuestros hijos en la escuela infantil. Esa mañana, desapercibido, un padre olvida dar a su pequeña, la deja en el coche y marcha a su trabajo.

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Tres básicos para una vida sexual plena

¿Cuánto tiempo dedicas a preparar la maleta para un viaje largo? No puedes ir con prisa. Un viaje así no se prepara las dos horas antes de partir, porque se te pueden olvidar infinidad de cosas. Y depende a dónde vayas, si algo se te olvida, quizá puedas comprarlo allí… o no.

Para ir a Zimbabwe te informaste bien de qué vacunas ponerte, qué tipo de enfermedades podrías coger, y todo tipo de información útil para el viajero.

¿Y si ahora fueras a hacer el viaje más importante de tu vida? ¿Y si te digo que ese viaje es tu relación de pareja? ¿Cómo te prepararías? Me sigue sorprendiendo que, a día de hoy, con tantas indicaciones, estudios y consejos, no sepamos a veces prepararnos para esta gran odisea.

A pesar de que cada uno tenga su forma de preparar el equipaje, hay tres cosas que no se te pueden olvidar en esta aventura, tres básicos para vivir plenamente la sexualidad con tu marido o tu mujer: el desodorante, el cargador del móvil y una guía de viaje. 

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¿Qué te deparará la vida?

Dime, hijo mío: ¿Qué te deparará la vida? Me lo pregunto cuando te miro abandonado a mis brazos, mientras te alimentas de mí sin preocupación.

¿A qué se dedicarán tus manos, esas pequeñas y preciosas que hoy se aferran a mi camiseta para que no me separe de ti? Quizá se afanen en escribir palabras y medio juntar frases como intenta hacer tu madre. Quizá sanen heridas del cuerpo, o del alma. Quizá construyan, creen o diseñen. Quizá enseñen, muestren o acunen. Quizá cuenten, oren o incluso conversen. Quizá sostengan, acaricien y, ojalá, amen.

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Un día después del otro

Escena de la película Ganar al Viento Rodaje de la película Ganar al Viento Charles es uno de los protagonistas de Ganar al Viento Ganar al Viento Película Ganar al Viento

Tugdual, de 8 años, tiene algo especial en la mirada. Uno de sus ojos es azul y el otro, marrón. Esta peculiaridad no vino de serie con su nacimiento, sino que ha sido una de las secuelas que le dejó la intervención quirúrgica que le realizaron, cuando tenía tres años, para extirparle un tumor alojado en su aorta. Las sesiones de quimio siguen ocupando la cotidianidad de su vida, a la vez que alimenta su pasión por las plantas, toca el piano o lee libros con su abuela. “Es lo normal, así es la vida”, explica sin darle mucha importancia. La enfermedad forma parte de su vida, sí; pero la enfermedad no es toda su vida.

Junto con él, otros cuatro niños que viven con graves patologías protagonizan la película documental Ganar al Viento, que se estrena en España el próximo 9 de febrero. Podría parecer que es una película sobre la enfermedad infantil, pero en realidad no es así. Se trata de un documental delicioso y alegre que habla de la vida a través de la mirada de unos niños que nos muestran que la felicidad es posible en cualquier situación, también estando gravemente enfermos, cuando somos acogidos y acompañados por las personas que nos aman. “Estar enfermo no nos impide ser felices”, sentencia Tugdual al comienzo de la película.

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El cáncer y la cebolla

Cuando aparece el cáncer de mama

Me llamo Laura, tengo 38 años, y estoy casada desde hace casi siete con José Antonio Méndez, periodista y serio aspirante a la santidad (aunque él, como todo presanto que se precie, se escandalizará cuando lea esto último). Soy profesora de Matemáticas en un instituto público, y para terminar esta presentación, añadiré que no soy supersticiosa, a pesar de que fue, precisamente, un martes 13 de marzo de 2012 cuando me diagnosticaron un cáncer de mama de grado 3. El pronóstico fue bastante regular, porque el tumor había estado creciendo durante los casi seis meses que transcurrieron desde el nacimiento de nuestro primer hijo, Mateo. Una negligencia de esas que a veces se escuchan… pero vivida en primera persona. Me noté un bulto muy grande, pero cuando fui a la cura de los puntos tras el parto, la ginecóloga sentenció que se trataba de un bulto de leche al que no había que darle mayor importancia… sin ni siquiera palparlo. Seis meses después, cuando volví algo preocupada porque aquello no desaparecía, la película era otra muy distinta. Y, desgraciadamente, los protagonistas éramos nosotros.

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