Deja el móvil a un lado

Las cosas sorprendentes que pasan cuando dejas el móvil a un lado - mujeresteniamosqueser.com

(Y esto me lo digo, en primer lugar, a mí misma.)

Déjalo.

El mundo sigue girando.

Tus amigos te seguirán queriendo.

Instagram seguirá siendo interesante cuando vuelvas a mirarlo.

Tus mails personales te estarán esperando.

 

No habrá tragedias.

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LOS CHILDFREE O LA MATRACA

Lo digo porque de un tiempo a esta parte vengo observando una cierta tendencia/preocupación de primer mundo que me está empezando a empalagar: me refiero a esa inquietud tan rentable a la que he dado en llamar la matraca de los Childfree (“sin hijos por elección”) en su vertiente Madre Arrepentida.

Decía John Lennon que la vida es lo que pasa mientras haces planes. En realidad,  con dos hijos en primer año de guardería, la vida es más bien lo que pasa entre una consulta del médico y la siguiente. Y desde luego que no es agradable, ni siquiera llevadero: es francamente agotador. Todo es agotador. Tengo hartos de lamentos a mis padres, a mis amigas y a mi entorno, considero venerables –virtudes heroicas incluidas– a las madres (y padres) de más de dos  hijos y he entonado demasiadas veces el esto a mí no me lo habían contado. Pero sí, lo sabía. Claro que lo sabía.

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El cáncer y la cebolla

Cuando aparece el cáncer de mama

Me llamo Laura, tengo 38 años, y estoy casada desde hace casi siete con José Antonio Méndez, periodista y serio aspirante a la santidad (aunque él, como todo presanto que se precie, se escandalizará cuando lea esto último). Soy profesora de Matemáticas en un instituto público, y para terminar esta presentación, añadiré que no soy supersticiosa, a pesar de que fue, precisamente, un martes 13 de marzo de 2012 cuando me diagnosticaron un cáncer de mama de grado 3. El pronóstico fue bastante regular, porque el tumor había estado creciendo durante los casi seis meses que transcurrieron desde el nacimiento de nuestro primer hijo, Mateo. Una negligencia de esas que a veces se escuchan… pero vivida en primera persona. Me noté un bulto muy grande, pero cuando fui a la cura de los puntos tras el parto, la ginecóloga sentenció que se trataba de un bulto de leche al que no había que darle mayor importancia… sin ni siquiera palparlo. Seis meses después, cuando volví algo preocupada porque aquello no desaparecía, la película era otra muy distinta. Y, desgraciadamente, los protagonistas éramos nosotros.

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Esas preguntas inoportunas sobre sexo

Las preguntas sobre sexo nunca llegan en el mejor momento. Normalmente, estás en la cola del supermercado o en el coche con los hermanos pequeños, cuando tu hijo te grita desde atrás un “¡mamáaaaa!, ¿qué es f…?”.

El otro día mi hijo de ocho años cogió un papel del suelo. Ponía algo así: “Nueva en el barrio. Masajes desde 20 euros. Llámame al…”. Y de fondo, una mujer semi desnuda en una postura sugerente.

-Mamá, ¿qué es esto?

-Deja eso, ¡no se cogen las cosas del suelo! –corrí a responder.

-Pero, mamá, ¿que qué es esto? -me contestó muy serio.

-¡Que nada! ¿No te he dicho mil veces que no se cogen las cosas del suelo? –entré en bucle.

Ya iba yo a arrebatarle el papelito de las manos, cuando mi marido se acercó con una tranquilidad pasmosa. “Deja, ya me ocupo yo”. Y pensé: “Perfecto, ¡todo tuyo!”. Me adelanté en el paseo con el resto de la camada y los dejé a los dos solos charlando. “A ver, hijo, ¿qué pone en ese papel?”, oí que decía mi marido, mientras yo me alejaba con los pequeños. Y ya no alcancé a escuchar nada más.

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Los regalos escondidos en la vida de los padres

Los regalos escondidos en la vida de los padres

Es un regalo envuelto a veces con un papel un poco feo. No vamos a negarlo: no siempre es atractivo a primera vista. A veces viene en forma de trona-sucísima-por-cuarta-vez-hoy. Otra vez en forma de niño que se te agarra a la pierna mientras cocinas porque quiere cotillear qué haces, o simplemente está cansado. Otra en forma de zapato que se ha desatado por sexta vez en el paseo de la tarde. Otra en forma de “¿Sacamos las ranas saltarinas del bote y hacemos una última competición?” justo antes de tenerlo que llevar a lavarse los dientes, rezar y dormir. Sacrificio tras sacrificio. Una y otra vez.

Las ocasiones son muchas. El regalo difícilmente se entrevé.

Y sin embargo, está.

Hagamos forward hacia el futuro y hablemos con tu yo de dentro de… 30 años.

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BEETHOVEN, EUROPA Y EL PURÉ

Europa es el alma de Beethoven. Europa no la construye un Tratado, no la sostiene un mercado, ni la compra una moneda.

No suelo llevarme el móvil cuando voy a cocinar. Me gusta encerrarme a solas con mis bártulos y, acaso, escuchar la radio mientras pienso qué sabroso apaño podré hacer en los próximos diez minutos con lo que tengo en la nevera. Pero el otro día sí me lo llevé. Acababa de encontrar el enlace a un evento en streaming y pensé que sería una buena música de fondo mientras hacía el puré para los niños. Se trataba, nada menos, que de la Novena Sinfonía de Beethoven en directo desde la Elbphilharmonie de Hamburgo, con Gustavo Dudamel –la batuta del momento– al frente de la Sinfónica Simón Bolívar. No era, ciertamente, la primera vez que escuchaba la Novena, y la había encontrado ya empezada, así que, mientras sonaba el apacible tercer movimiento iba yo sacando el cazo, la sartén, la tabla de cortar y mi cuchillo verdulero.

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ORDENA CON MARGA

Nuestra casa es mucho más que cuatro paredes, es el lugar donde más tiempo pasamos en nuestra vida. Por eso, en mi segundo vídeo os cuento cómo las teorías del orden de famosas gurús como Marie Kondo han cambiado mi vida, o mejor dicho, mis armarios.

 

Cinco minutos más de cuento

Martes por la noche, antes de ir a dormir. Estaba contándole un cuento a mi hija de tres años. Llegamos a unas páginas repletas de hadas, y mi pequeña, inocente ella, me preguntó: “Mamá, ¿cómo se llama esta hada?”. “Rosa”, contesté yo. “¿Y esta, mamá?”, continuó. “Violeta”. “¿Y esta otra?”… Suspiré. Sabía que no iba a terminar de preguntar hasta llegar a la última de las veinte hadas que aparecían en aquella doble página infinita. Era tarde, era hora de irse a dormir; de hecho, ya deberíamos estar rezando. Yo estaba agotada, no veía el momento de tenerlos a todos acostados y descansar un rato en el sofá. Aunque, en realidad, todavía quedaba por recoger la cocina, doblar la ropa, dar la última toma a los bebés que se empezaban a inquietar… “¡Mamáaaaaaa! ¿que cómo se llama esta hada?”.

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