Sensory board estilo Montessori: ¿Te animas a construir uno?

Niña con Sensory Board estilo Maria Montessori para jugar y aprender

Hoy os quiero mostrar un pequeño “invento” que hemos construido este fin de semana en muy poco rato y que está procurando no pocas horas de diversión a nuestra hija pequeña. Se llama Sensory Board y está inspirado en la filosofía educativa de María Montessori. Esto es, que los niños hagan y descubran con sus propias manos, respetando sus tiempos. Y cuanto más conectado con la vida real, mejor. Implicándoles en actividades que tengan que ver con la vida del adulto.

¡He aquí cómo lo construimos!

Primero compramos una tabla en el rincón de los “descartes” de Leroy Merlin, y después diversas cosas manuales que podíamos atornillar/pegar a la misma: timbres, cerrojos, manillas, luces… The sky is the limit! Para esta segunda parte te invito a que busques en Google la palabra “Sensory Board” y encontrarás miles de ideas y opciones. También pensé en añadirle unos adhesivos para hacerlo todo más bonito e infantil.

Una vez comprado todo, basta simplemente un taladro y celo biadhesivo, ¡y manos a la obra!

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Madre

-¿De dónde venía yo cuando me encontraste? -preguntó el niño a su madre. Ella, llorando y riendo, le respondió apretándolo contra su pecho:

-Estabas escondido en mi corazón, como un anhelo, amor mío: estabas en las muñecas de los juegos de mi infancia, y cuando, cada mañana, formaba yo la imagen de mi Dios con barro, a ti te hacía y te deshacía;

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El bicho, los abuelos y la tribu

El bicho, los abuelos y la tribu

Me van a perdonar, pero hoy vengo a hablarles del bicho. No, no me refiero a Cristiano Ronaldo –no hagamos sangre y dejémoslo para otro día– sino del parásito (un vulgar estreptococo con pintas en el lomo) que me ha tenido literalmente tumbada en cama durante todo el puente. A mí y a mis hijos, que aún seguirían con 39 de fiebre si la pediatra no hubiera decidido repetirles el streptotest que hace una semana había dado negativo. Una semana tirando de Dalsy porque ellos –por supuesto– solo tenían catarro de vías altas, que es lo que tienen todos los niños que van a la guardería mientras no se demuestre lo contrario. Así que ese era el panorama: ellos con su fiebrón y su Dalsy, yo inflándome a penicilina, y su entregado padre limitándose a sobrevivir. Hoy, por fin, tras una semana inenarrable, la pediatra ha decidido sacar los tanques y darles el antibiótico: al parecer el estreptococo no solo ya era de la familia sino que se había comprado una batamanta y se había abonado a Netflix. Esperemos que no tarde mucho en marcharse.

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Menos corresponsabilidad y más entrega

De un tiempo a esta parte escucho mucho hablar de “corresponsabilidad en el hogar” en el sentido de “reparto equitativo de tareas” entre hombre y mujer. A priori puede parecer una reclamación noble y necesaria, pero a mí me parece francamente insuficiente.

No niego que puede ser práctico repartir tareas por logística familiar, pero no comparto en absoluto que la razón de fondo deba ser una cuestión de igualdad entre los sexos. Para mí no hay otro motivo que sostenga la gestión del hogar que el amor al otro y la entrega mutua. Sí, sé que puedo parecer un poco exagerada, pero es que no somos una empresa. Y si el amor conyugal está en el corazón de la vida familiar, también lo está en las tareas domésticas.

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¿Procrastinas? ¿Ein?

¿Te compraste la revista de moda, que trae de regalo la agenda, con el pensamiento “este año, gracias a esta agendita tan cuqui, me lo voy a organizar bien”? ¿Te haces mil listas que terminas perdiendo antes que cumpliendo? Hablamos de procrastinación. Sí, un palabro que lleva mil años en el diccionario pero que algún listo ha decidido sacar del armario. Procrasti ¿qué? Este mes he escuchado esta palabra tres veces. Va a ser que al diccionario también han llegado las tendencias e influencers…

Dale la vuelta a las gafas

Cambia de gafas para cambiar tu relacion de pareja

Es muy recurrente esa frase de Gandhi que dice “Sé la persona que quieres ver en el mundo”. También hay una variante que habla del “cambio” y no de la “persona”. No sé bien cuál de las dos es la correcta. Como sea. En realidad no es importante la frase, sino que viene a colación del tema que nos ocupa hoy, y que llevo muchísimo tiempo meditando (y tratando de poner en práctica en la medida de lo posible en mi propia esfera personal), y que es una vuelta más de tuerca a la célebre cita. Podríamos decir, “Sé la persona que quieres ver en tu casa”, y más especialmente, dentro de la relación de pareja, “Se la persona que él querría tener a su lado”. Sé una persona al lado de la cual él quiera estar.

Quizá esto suene un poco a mujer sumisa y sacrificada, una visión de la que huimos como si fuera la peste. Pero creedme, nada más lejos de la realidad. Detrás de esto se esconde un gran secreto para una vida de matrimonio feliz y plena.

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Sobre perros y familias numerosas

Cada hijo es amado singularmente, es apreciado y valorado por quién es, cada uno es distinto, es único, es maravilloso a nuestros ojos. No por tener más les queremos menos, ni les tratamos en lote.

Hace algunos días, una mujer muy querida para mí escuchó la siguiente conversación en la panadería:

– Mira a esa, embarazada otra vez.

– ¡Qué bárbaro! Como perros…

Ella, que está esperando a su sexto hijo, hizo como si no escuchara nada, y del mismo modo que entró, se marchó.

Las madres de familia numerosa a veces escuchamos este tipo de comentarios que nos atraviesan como una punzada el alma. Una se siente tan humillada y dolida que ni siquiera salen palabras de la boca para responder como es debido. Pero yo hoy, con permiso de mi amiga, sí quisiera explicarle, con todo mi respeto, algunas cosas a aquella señora.

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No es un trozo de madera

Cristo Negro de Cáceres

Enmudece la plaza. Con el eco de la última campanada de la medianoche resonando aún en la lejanía, como en una señal acordada, se apagan de pronto las luces de la vieja ciudad amurallada y un murmullo pidiendo silencio recorre la abigarrada multitud que se concentra alrededor de la concatedral. La puerta de la fachada principal se abre y salen cuatro cofrades con el hábito benedictino –negro y cíngulo blanco, la capucha cubriendo la cara– dos de ellos con hachones encendidos. El muñidor toca una gruesa esquila, dos veces. Vuelve a tocarla. Otra vez. La esquila se hace letanía, la multitud se aparta y abre paso, mientras la comitiva se acerca a la puerta lateral del sobrio e imponente edificio medieval. El silencio se corta con un cuchillo.

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