“Lo vas a hacer bien”

La maternidad y la dulce espera. Foto de Ana Carro

Así me recibía un cartel publicitario de una conocida marca de pañales en la consulta de la matrona que llevó mi primer embarazo. Cada vez que pasaba por allí, mientras ella me revisaba y se quedaba ojiplatica perdida al ver mi incremento de peso, yo disimulaba y contemplaba aquella foto tan súper pinterest pensando: “Si lo dicen estos señores no pueden equivocarse, que de bebés y madres saben muchísimo”. 

La experiencia me ha demostrado que tenían razón. Lo estoy haciendo bien. Al menos lo mejor que puedo. Y creo que se podría considerar que tanto yo como todas las madres lo hacemos, como norma general, bien.

Pero también la experiencia me ha demostrado que a aquella afirmación rotunda le faltaba un asterisco y la siguiente frase en letra pequeña: “Es cierto, lo vas a hacer bien. Pero es muy posible que en ningún momento estés absolutamente segura de esto. Así que mucho ánimo”.

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El gran miedo

miedo síndrome de down

Última hora: según la ONG Down España, casi el 100% de las mujeres embarazadas de un hijo con síndrome de down, abortan. Lamentablemente, no me sorprende. Pasado mañana, cuando tengamos implantado el test de detección prenatal del autismo –solo es un desagradable ejemplo– tardaremos poco en leer las mismas cifras. Estoy convencida de que si todavía nacen personas con autismo es porque los científicos aún no han logrado el diagnóstico prenatal. Y quien dice del autismo dice de la tendencia a la depresión. O a la cojera. O a desarrollar una enfermedad crónica que nos convierta en (¿cómo era?) parásitos del sistema. O a ser niño, si yo había pagado por una niña. Aunque esto último me parece que hace mucho que ha dejado de ser una triste distopía.

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La pizza margarita perfecta es posible en casa

¡Hola a todas! Os traigo LA RECETA de la pizza de mi marido. Y es LA RECETA por dos razones: mi marido es italiano, así que tiene a sus espaldas décadas de comer buena pizza semanalmente (un sueño, ¿no?); y segunda, lleva dos años haciendo pruebas cada semana (insisto, cada semana) e investigando las mejores proporciones entre harinas para conseguir un borde crujiente y similar a los de las pizzerías con hornos de leña.

Muchas me la habiais pedido insistentemente… y ¡eccola! Después de la receta de las batatas al horno y del helado casero a prueba de niños, ésta no podía faltar.

Un enorme gracias a mi marido que muy generosamente ha compartido sus secretos fruto de tanta investigación con las lectoras de MTQS. Y a mí, que muy generosamente también me he comido todas sus pruebas cada semana con mucho gusto.

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Hacer extraordinario lo ordinario

Juan tiene una enfermedad rara

Conversación normal en mi casa en un día en el que hemos invitado a un amigo de los niños a jugar:

– Éste es Juan. Juan, dile “hola” a mi amigo (y Juan, encantado, como siempre, saluda alegremente). Mira, ¿ves? Tiene las manos así como cerradas y no las puede abrir mucho. Pero ha mejorado un montón y ya hace muchas cosas. Casi todas. Y él solo.

Y con esta sencillez aplastante es como mis hijos resumen la patología de poca incidencia, catalogada dentro de las enfermedades raras, que padece nuestro quinto. Artrogriposis congénita distal. Lo escribo, y el Word de mi ordenador sigue señalando en rojo este nombre dichoso, como si no existiese. Debe ser que, debido a su poca incidencia, esta patología aún no es muy conocida. Y parece que lo poco conocido no es digno de normalizarse, ¿puede ser?

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La historia de dos mellizos y un matrimonio santo

Dos mellizos y la historia de un matrimonio santo

Supongo que ninguna mujer espera quedarse embarazada de gemelos. Quizá si tiene antecedentes en la familia pueda imaginárselo como una posibilidad real. Pero ese no era mi caso. En cambio, yo sí lo esperaba. Tenía la extraña certeza de que esperaba dos bebés antes de hacerme, ya en la semana 13, la primera ecografía de mi cuarto embarazo. Diré más: en el fondo, lo deseaba. Y me gustaría explicar por qué.

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El tablón del agradecimiento

Tablón del agradecimiento

Hace un mes compartí en mi instagram una imagen de una preciosa costumbre que tenemos en nuestra casa desde hace cinco años. Se llama el tablón del agradecimiento y le atribuyo la “mágica” propiedad de crear gratitud y felicidad en el corazón con tan sólo mirarlo. ¿Os apuntáis?

Se trata simplemente de comprar un corcho de esos gigantes en forma de tablón para colgarlo en una pared visible de la casa. Nosotros hemos elegido un espacio intermedio entre la cocina y el salón (visto que hemos unido ambas habitaciones), pero anteriormente estaba en la cocina. Busca un lugar por el que pases y ante el que tengas la oportunidad de pararte diariamente. Algo que puedas ver cada día cuando te levantas, o cuando desayunas, o cuando vayas al salón un rato. Si queda relegado a una habitación que no utilizas diariamente o un pasillo por el que vas corriendo perderá el efecto prometido.

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Un día después del otro

Ganar al Viento Película Ganar al Viento Escena de la película Ganar al Viento Charles es uno de los protagonistas de Ganar al Viento Rodaje de la película Ganar al Viento

Tugdual, de 8 años, tiene algo especial en la mirada. Uno de sus ojos es azul y el otro, marrón. Esta peculiaridad no vino de serie con su nacimiento, sino que ha sido una de las secuelas que le dejó la intervención quirúrgica que le realizaron, cuando tenía tres años, para extirparle un tumor alojado en su aorta. Las sesiones de quimio siguen ocupando la cotidianidad de su vida, a la vez que alimenta su pasión por las plantas, toca el piano o lee libros con su abuela. “Es lo normal, así es la vida”, explica sin darle mucha importancia. La enfermedad forma parte de su vida, sí; pero la enfermedad no es toda su vida.

Junto con él, otros cuatro niños que viven con graves patologías protagonizan la película documental Ganar al Viento, que se estrena en España el próximo 9 de febrero. Podría parecer que es una película sobre la enfermedad infantil, pero en realidad no es así. Se trata de un documental delicioso y alegre que habla de la vida a través de la mirada de unos niños que nos muestran que la felicidad es posible en cualquier situación, también estando gravemente enfermos, cuando somos acogidos y acompañados por las personas que nos aman. “Estar enfermo no nos impide ser felices”, sentencia Tugdual al comienzo de la película.

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Cocina con Marga

Margarita García

¿Te animas a cocinar con Marga?

He aquí uno de los vídeos más marujiles de mi canal: ¡¡UNA RECETA DE COCINA!!  ¿Fácil? Os la cuento en 4 minutos, –chascarrillos incluidos–, así que es muy, pero que muuuy “nivel básico”.

A mí, más que cocinar, me gusta comer (ya os lo conté en casi 50 cosas sobre mí…ejem), pero, como compartir es vivir… Os comparto este recetón que me ha pasado mi padre, un experto en pasar el tiempo justo en la cocina.

¡¡Qué aproveche y disfrutéis cocinando para los vuestros!!

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La importancia de limpiar el baño

Orden y planificación... pero la vida vuela

Tuve la suerte de conocer a una mujer hace muchos años (mi madre sabrá enseguida de quién hablo), una mujer extraordinaria y que hizo un bien enorme a miles de personas. Dios usó y desgastó su vida por el bien de muchos. No voy a decir quién es, vaya a ser que alguien se ponga de uñas al saber su nombre. Además, qué más da. Lo realmente importante es algo que ella decía y que yo quería traer hoy a colación por sus inmensas facetas, detalles e implicaciones para nuestro vivir cotidiano: “Viajamos a toda velocidad por el universo”.

Ay, amigas… Que esto tiene mucha miga. ¿Lo habéis pensado bien? Por la mañana nos levantamos, nos preparamos, preparamos a nuestros hijos, sus desayunos, les metemos prisa al menos diez veces para que se pongan los zapatos (que levante la mano quien se sienta identificada… ¡Todas a la vez no, por favor!), la tropa al coche, reparto de colegios… Y podría seguir. Cada una sabe bien cómo llena sus días y sus horas, en qué llena también su mente, cuáles son sus preocupaciones, tontas o graves. Y llega la noche: deberes, juegos, baños, cenas, conversación, rezos. Y a dormir.

Y así pasan nuestros días. Y cuando nos descuidamos, un curso escolar más ha terminado. En un pestañeo estamos tomando las uvas de nuevo. Y ya estamos en verano otra vez. Y así, día tras día, año tras año.

Puede parecer un post deprimente, pero nada de eso. No es ahí a donde quiero llegar.

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Grandes historias para jóvenes lectores

grandes historias para jóvenes lectores

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado…

 Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito…

 Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido…

 Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastian hizo entonces.”

(Michael Ende, “La Historia Interminable”)

 

En un ratito libre que he tenido he podido merendarme el Astérix en Italia que me han traído los Reyes Magos. (Sin lugar a dudas, el mejor regalo de estas Navidades; la niña que llevo dentro camuflada tras unas gafas de profesora de Universidad se declara fan absoluta de la aldea de los irreductibles galos). Mientras lo leía, me ha dado por pensar en lo mucho que me gustaría escribir un post de homenaje a todos los libros y cómics que me han hecho tan inmensamente feliz a lo largo de mi niñez y adolescencia. Un post donde hablara de un tiempo en el que no había Internet, ni tablets, ni móviles, y sin embargo, contaba con los dos mejores gadgets posibles: un libro y una poderosa imaginación. En un post así podría contar lo mucho que viajé, soñé, conocí, lloré y reí agarrada al timón de papel de aquel barco de mi cama, dispuesto a zarpar cada noche hacia un horizonte nuevo. Y podría recordar lo trascendental que ha sido para mí tener una familia que fomentaba mi gozosa adicción: un padre que me facilitaba con alborozo los libros de su extraordinaria biblioteca y una madre que entendía que a mí la ropa me importaba un pimiento, y que en realidad no había nada que me hiciera más feliz que ir de compras a una librería.

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