Noches de paz

Yiruma y sus noches de paz

Víspera de Nochebuena. Me siento ante el ordenador, en plena madrugada. Es mi único momento de paz de la jornada. Mis hijos hace un buen rato que duermen y el silencio invade –al fin– como un bálsamo, cada rincón de la casa. Siempre he sido más búho que alondra, y aunque Morfeo me tiente con sus promesas de cálidos brazos, siempre he preferido la noche para escribir, para estudiar, para trabajar, corregir exámenes, ordenar la cabeza y calmar el espíritu. Por la noche la casa se apacigua, la ciudad calla, y el silencio es tan profundo que me sumo en un estado de concentración y quietud impensables durante el día. Ahora mismo, al otro lado de la puerta entreabierta de la habitación puedo escuchar la respiración de mis hijos. Me gusta tumbarme en la cama con ellos antes de acostarlos, hablar bajito (conversaciones llenas de secretos inconfesables) y que se duerman en mi regazo. No sé si eso viene en los mejores manuales de Cómo Dormir Fierecillas, pero yo lo hago. Y su papá también. Podría decir incluso que es el momento más maravilloso del día. Y lo es, entre otras cosas, por la compañía de una indispensable banda sonora.

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Mi proyecto para el 2018 eres tú

Pareja

Soy una mujer muy de listas, de propósitos, de agendas, de nuevos comienzos. Lo sabes. Me encanta estrenar cosas, los cambios a mejor, pero al mismo tiempo me chiflan las rutinas cumplidas, el orden establecido y la estabilidad de lo previsible. Así que, como bien puedes imaginarte, para mí el final del año y el comienzo del siguiente son momentos de reflexión y de echar la vista atrás, sí, pero también y sobre todo de nuevos propósitos y de mirar hacia delante con ilusión.

Dado que estamos ya al final del año (¡quedan sólo quince días para dejar atrás el año que nos trajo a Chiara con el parto más hollywoodiense de la historia!) estoy en modalidad “año nuevo” y llevo varios días pensando qué propósitos meter en mi agenda a partir de enero. Comer mejor y hacer deporte es casi un clásico que año tras año renuevo fallidamente, así que estaba pensando en quitarlo directamente, pero como sé que me reñirías si al menos no lo intento, ahí se quedará, un año más. ¡Espero tener más suerte que los anteriores!

En cualquier caso, mi gran propósito del 2018 eres tú.

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Todo lo que la maternidad me está quitando

Lo que la maternidad nos está quitando

Que no nos vamos a engañar. La maternidad no es un camino de rosas.

¿Lo primero? Seguro que estáis todas conmigo: EL SUEÑO. A decir verdad, me conformaría con un par de días seguidos en los que duerma seis horas de un tirón sin despertarme a dar biberones o agua. Sueño despierta con esas mañanas de fin de semana en las que no tenía que utilizar el despertador… Me levantaba fresca y como una rosa cuando me salía de la real gana. No sé cuántos años han pasado. Mejor no hago cuentas.

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Mi pequeño de seis

Mi querido pequeño, todavía no te conocemos y en casa ya se ha montado una gran fiesta con la noticia de tu llegada. Tus cinco hermanos andan revolucionados y no paran de pedir a Dios cada noche que salgas pronto para poder abrazarte, estrujarte y explorar cada diminuta parte de tu cuerpo. Ya les he explicado yo que necesitas todavía unos cuantos meses ahí dentro para terminar de crecer, pero no veo a algunos de ellos muy convencidos del asunto.

Desde que supieron que estabas en mi interior han informado puntualmente a cada vecino que se han topado en el ascensor, a la ancianita de la parada del autobús, al señor de la panadería e incluso a todos los bañistas –sin excepción– que encontraron este verano en la playa. Ya han planeado dónde dormirás, qué sitio ocuparás en nuestra furgoneta y han pensado en los nombres más bonitos y originales para ti. Debo decirte, mi pequeño hijo, que he conseguido disuadir a la mayor de las chicas de llamarte “Lacito”. Sé que me estarás eternamente agradecido.

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¿Te molestan tus hijos? Prepárate.

Nuestros hijos en el parque

Aunque ya llevaba tiempo rumiando la idea de este artículo, esto es, de hablar de los hijos, sin quererlo ni beberlo esta semana un pintor me lo ha puesto en bandeja. Un pintor de puertas de garaje, concretamente.

Todo empezó el lunes de esta misma semana. En nuestra urbanización no hay plazas de aparcamiento, sino garajes individuales. Mis vecinos están pintando las puertas de sus garajes (lo digo en plural porque tienen nada menos que tres) que están a un lado y a otro de nuestro garaje. Y de este modo he tenido que encontrarme con el susodicho pintor cuatro veces al día: por la mañana llegaba con mis dos hijas, las cargaba en el coche, dejaba a una de ellas en la guarde y volvía de nuevo a casa con la más pequeña, la montaba en el carrito y ciao ciao. A las 15:30, de nuevo más de lo mismo: aparecía con la más pequeña, la cargaba en el coche, íbamos a buscar a la grande y volvía de nuevo a mi garaje, esta vez con las dos. Aparcábamos y al parque. Al tercer día —esto es, ayer— que me ha visto hacer lo mismo, me ha soltado:

— Madre mía, ¿así que eres madre a jornada completa, eh?

Ya ese madre mía no hacía presagiar nada bueno… Y yo no he podido evitar responder con una sonrisa:

— Sí, y la verdad que me encanta. ¡Lo hago con muchísimo gusto!

Y de repente se acaba la conversación. Por algún motivo, el hombre no ha sabido que responderme detrás de su discreta ironía.

¿Y por qué alguien no respondería a una frase así? ¿Qué pasa para que, ante la afirmación de que a una le encanta ser madre, uno no sepa qué responder? ¿Tanto choca?

Y la respuesta es que sí. Que choca, y mucho.

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Una recomendación educativa y una receta para niños

Dos al precio de uno, que la crisis sigue apremiando. ¡Todo sea por nuestros niños!

Empecemos por la recomendación: después del sensory board del que ya os hablé hace tiempo, ahora os aconsejo también la torre de aprendizaje Montessori. La recomendaría una y mil veces. No digo que la usamos todos los días, pero casi casi. Nosotros compramos ésta (me vais a perdonar, pero para el tema de los acentos soy muy old style) de segunda mano, aunque hay muchas otras para elegir, y algunas incluso Do It Yourself customizando este taburete de Ikea.  Pero también os digo una cosa: basándome en mi experiencia, no recomendaría las otras. Ésta torre es la única con forma de cubo, es decir, cubierta en todos sus ángulos.Las demás tienen siempre barras de protección laterales, no paredes de protección laterales. Y, a mi modesto entender, un cubo total evita de que el niño pueda resbalar y caer (¿O acaso mi hija es la única capaz de tropezarse en suelo llano sin ningún objeto alrededor? ¡Decídme que no!), golpeándose el mentón o quién sabe qué en su caída. Lo dicho: aunque yo la compré de segunda mano, vista su calidad y robustez la compraría también nueva, incluso costando lo que cuesta.

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Joyas de mi armario y mi drama con la vuelta al cole

¡Estoy de vuelta, amiguis!

Tras un verano recolectando ideas para el blog no se me ha ocurrido mejor forma para volver que contándoos el verdadero drama que hay detrás de la “vuelta al cole”… y mucho tiene que ver, una vez más, con lo que guardamos en los armarios…

Empezamos fuerte el curso, os enseño alguna joya de mi armario y de nuestro querido Amancio Ortega.

¿Existe alguna forma mejor de superar la crisis posvacacional que echándonos unas risas juntos?

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Discapacidad en tiempos del bullying

Discapacidad

Con esto de la vuelta al cole tenía pensado escribir sobre algo muy distinto. Como dice mi amiga, compañera de blog y pedazo de mujer, Isis Barajas, rumiaba un artículo más cultureta, que por lo visto es lo mío. Pero he leído algo esta tarde que me ha tocado el corazoncito, y por aquí voy a tirar. Se trata de un artículo sobre cómo los niños con discapacidad son, habitualmente, rechazados en los juegos de recreo. No me voy a rasgar las públicas vestiduras. Antes de ser madre de un niño con síndrome de Down, he sido niña, y también adolescente. Y reconozco que, por lo general, la discapacidad, a ciertas edades, produce una mezcla entre rechazo, desagrado, compasión y miedo, producto del más absoluto desconocimiento. Una ignorancia tóxica, dañina, segregadora y en ocasiones hasta cruel. Niños que hablan mal, que andan mal, que no corren, que babean, que no saben o no pueden jugar son sistemáticamente ignorados en el patio o en el parque, o en clase (con probables, loables y lamentablemente escasas excepciones).

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Tres tentaciones del ama de casa (inexperta)

Tentaciones de la ama de casa

Y lo de ama de casa “inexperta” lo digo por mí. Empecé a trabajar de lo mío antes de terminar la carrera y desde entonces solo he tenido la interrupción de mis permisos por maternidad. Así que lo de empezar a dedicarme de forma casi exclusiva a la vida doméstica y familiar ha sido un reto importante para mí. Pensaba que esto era bastante sencillo, que me iba a sobrar el tiempo para tener la casa en orden, que podría cocinar más y mejor, que no me iban a faltar momentos para atender a mi familia, que tendría tiempo para leer, para hacer más colaboraciones en medios, y no sé cuántas cosas más… Creo que se me olvidaba que tengo cinco criaturas y que soy algo insensata.

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Cómo reconciliarse con la maternidad en hora y media

No lo prometí, pero lo siento igualmente como una deuda. Hace tres meses compartí con vosotras mi pánico total ante la inminencia de mi segundo parto. El primero había sido traumático hasta niveles inimaginables y, sinceramente, por muchas ganas que tuviera de tener más hijos, reconozco que la cuestión de dar a luz me hacía temblar de miedo.

Pero Dios, que es un tipo bastante original, ha conseguido de un plumazo acabar con el trauma y reconciliarme con la maternidad. Juro que, aunque me hubiera sentado con papel y lápiz a pensar cómo podría acabar con el trauma, no se me habría ocurrido ni de lejos nada de lo que me ha tocado vivir.

Coged el bol de palomitas, porque lo que voy a contar se parece más a una película de Hollywood que a cualquier parto que hayáis conocido.

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