Noches de paz

Yiruma y sus noches de paz

Víspera de Nochebuena. Me siento ante el ordenador, en plena madrugada. Es mi único momento de paz de la jornada. Mis hijos hace un buen rato que duermen y el silencio invade –al fin– como un bálsamo, cada rincón de la casa. Siempre he sido más búho que alondra, y aunque Morfeo me tiente con sus promesas de cálidos brazos, siempre he preferido la noche para escribir, para estudiar, para trabajar, corregir exámenes, ordenar la cabeza y calmar el espíritu. Por la noche la casa se apacigua, la ciudad calla, y el silencio es tan profundo que me sumo en un estado de concentración y quietud impensables durante el día. Ahora mismo, al otro lado de la puerta entreabierta de la habitación puedo escuchar la respiración de mis hijos. Me gusta tumbarme en la cama con ellos antes de acostarlos, hablar bajito (conversaciones llenas de secretos inconfesables) y que se duerman en mi regazo. No sé si eso viene en los mejores manuales de Cómo Dormir Fierecillas, pero yo lo hago. Y su papá también. Podría decir incluso que es el momento más maravilloso del día. Y lo es, entre otras cosas, por la compañía de una indispensable banda sonora.

– Mamá, pon la musiquita de los árboles amarillos.

Después del jaleo, los baños, las cenas, los gritos y saltos en la cama, el cuento, los rezos, los besos y el agua, a la tenue luz de la lamparita de estrellas, llega el momento de los árboles amarillos. O sea, la bucólica imagen que acompaña en Youtube a uno de los vídeos del extraordinario y joven compositor coreano Yiruma. Podría ponerme estupenda y decir que los duermo con un aria del inmortal Bach, el Kyrie de la misa del Papa Marcello de Palestrina o el inefable comienzo del segundo movimiento de la segunda sonata para piano de Rachmaninov, pero no. Les pongo a Yiruma. No recuerdo en qué momento llegó este hombre a mi vida, pero me ha acompañado en incontables ocasiones y ha llenado mis días y mis noches de paz. Su música para piano me devuelve siempre a unos rincones del alma que la vorágine diaria ha logrado fagocitar. Hay músicos que quizá no son tanto un prodigio del instrumento como un talento del espíritu. Y Yiruma es uno de ellos.

Igual que lo es Loreena McKennitt, la ya no tan joven cantante y arpista canadiense de melena roja que se escapó de una leyenda artúrica. Sus atmósferas sonoras de raíz celta se abren camino entre las brumas de ese bosque lejano en el que todos estuvimos alguna vez. En estos días me gusta acudir a su A Midwinter Night’s Dream, un remanso invernal de sonoridades evocadoras del tiempo de Navidad. Por no hablar de su Dante’s Prayer o su Dark Night of The Soul, basada en el célebre poema de nuestro San Juan de la Cruz.

Mientras escribo y veo titilar las luces del nacimiento me pregunto cómo puedo estar escribiendo sobre música navideña y obviar mis clasicazos de Bing Crosby, Sinatra y Dean Martin o del mismísimo Elvis, pero es que yo no pretendía escribir un post sobre música navideña. (Dice Loreena McKennnitt que hay una región en el norte de Canadá donde tienen hasta veinticinco formas de nombrar los distintos tipos de nieve. Lo mismo ocurre con la música: es tan rica, tan inabarcable, que podría escribir veinticinco posts y cada uno de vosotros podría escribir sus veinticinco y todos serían tan distintos como igualmente apasionantes).

Yo, en realidad, solo quería desearos que cada uno de vosotros tengáis hoy vuestra particular Noche de Paz, con vuestras familias o en las circunstancias que a cada uno buenamente la vida le haya deparado , pero siempre acurrucados junto a la cuna del Único que trae el verdadero calor al corazón.

Amig@s de MTQS,  ¡FELIZ NOCHE DE PAZ, FELIZ NAVIDAD!

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4 comments

  1. Feliz y Santa para Navidad. Me encanta vuestro blog. Y sí Mar, el piano de Yiruma y la voz y el arpa de Loreena Mackennitt nos elevan, nos hacen contemplar mejor el Misterio.

  2. Santa y Feliz Navidad!!. Me encanta vuestro blog. Y sí Mar, el piano de Yiruma y la voz y el arpa de Loreena Mackennitt nos elevan y nos hacen contemplar mejor el Misterio.

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