Vestida de fuerza y dignidad

Sonríe ante el futuro sin miedo

Vaya por delante que este título, en la forma y el fondo, no es mío. No, señoras. Este título tan impresionante nos lo ha otorgado el de Arriba. El Gran Jefe, vaya. Así es como quiere vernos, porque  este es todo el potencial que ve en nosotras: mujeres fuertes y llenas de dignidad, tal y como está escrito en el versículo 25 del capítulo 31 del libro de los Proverbios. 

Pero, como siempre, vamos por partes. Comencemos por el principio. A nadie se le escapa mi interés por todo lo espiritual, y sobre todo por su conexión con lo terrenal. Y de aquí surgió mi interés hace ya casi tres años por los Bible Studies (estudios de la Biblia) que en América por cierto tienen mucho tirón entre los evangélicos. Se trata de libros que analizan al detalle un cierto libro (o capítulo de un libro, como es el caso) de la Biblia. Y lo analizan diariamente durante un periodo de tiempo, normalmente cinco o seis semanas. Analizan cada versículo, lo contextualizan y lo interpretan. Las Escrituras son tan ricas que nunca se acaba de interpretarlas y de conocerlas. Cada día iluminan de forma diferente según el contexto y la situación. En resumen, estos estudios pueden ser guiados o bien se los puede hacer uno por su cuenta, cuando ya tiene más años de experiencia en el escrutinio de la Palabra. Pues bien, yo hace casi tres años empecé a realizar algunos de estos estudios guiados en mis noches libres, cuando iba pudiendo. Y me gustaron tanto que a día de hoy tengo una biblioteca de Bible Studies que esperan pacientemente su turno en la cola. Requieren tiempo y dedicación, y como madre de familia numerosa, de eso tengo poco. Pero en cuanto puedo y mi cerebro lo permite, me lanzo a ellos. Me encantan y me ayudan muchísimo. El primero que hice fue precisamente de este capítulo de los Proverbios, el 31, que hace una detalladísima descripción de “la mujer completa”, esa mujer que es más valiosa que las perlas y en la que confía el corazón de su marido. A lo largo de 21 versículos hace un espectacular elenco de virtudes y capacidades, que por cierto en el alfabeto hebreo van de la A a la Z, a modo de poema, como para querer demostrar su totalidad, su posibilidad de ser completa en todos los sentidos. Este estudio me abrió los ojos al interesantísimo mundo de los Bible Studies y sobre todo (en lo que concierne a este artículo de MTQS) a este capítulo de los Proverbios que cambió mi vida. 

Analizar 21 versículos sería una tarea titánica para un sólo artículo, así que  hoy querría centrarme en un sólo versículo del capítulo 31, que creo que resume muy bien la esencia de todo el conjunto:

“Está vestida de fuerza y de dignidad, y sonríe sin miedo ante el día de mañana”. Pr 31, 25

Ahí es nada. Ya a simple vista da mucho que pensar, ¿verdad? Es una imagen muy potente. Y así nos quiere Dios. ¿Asusta? Con Su ayuda no debería asustarnos nada de lo que Él nos pida.

La fuerza, ya sea física, mental o espiritual, requiere disciplina, como todos sabemos. Nada se consigue de un día para otro. Por tanto, estamos llamadas a ser personas disciplinadas, que se esfuerzan en hacerlo lo mejor posible siempre, teniendo en mente el objetivo final para poder “soportar” el esfuerzo que conlleva llegar hasta él. Y funciona así para la parte física, pero no nos olvidemos que también para la parte mental, la emocional y la espiritual. Dicho así podría resultarnos fácil, o al menos obvio: todos tenemos nuestros objetivos, ¿no? Pero vamos a poner unos cuantos ejemplos.

  • En una discusión con tu marido, ¿el objetivo final es tener tú la razón y la última palabra o es el bien del matrimonio?
  • Cuando alguien no creyente nos trata con desprecio, ¿cuál es el objetivo final? ¿Llevar en nosotros el perfume de Cristo o no dejarnos pisar tratando con indiferencia o incluso con el mismo desprecio?
  • Cuando tomas medidas saludables, ¿buscas cuidar el cuerpo que te ha sido regalado, que es imagen de Dios, o simplemente adelgazar para verte bien?
  • Cuando suena el despertador por la mañana un tiempo antes para rezar, ¿eliges levantarte a pesar del sueño porque no has olvidado el Objetivo (con mayúscula en este caso) final o prefieres programar la alarma para más tarde?

La lista es infinita. Cada una sabrá ponerse sus propios ejemplos. Lo que está claro es que actuar con el fin en mente, yendo más allá de nuestras propias apetencias del momento o incluso de nuestras supuestas justificaciones, nos ayuda a tener auto disciplina, a ir ampliando nuestra capacidad de soportación, a buscar el bien que importa y no la gratificación inmediata. Con toda seguridad nos convierte cada día en personas más fuertes. Y en última instancia nos ayuda a hacer la voluntad de Dios que lleva siempre consigo paz.

¿Hablamos de dignidad? Hoy el día el concepto de dignidad se ha utilizado de maneras tan disparatadas que ha perdido su valor y su sentido original, que es el de quien merece respeto. Todos queremos respeto pero ciertamente no estamos dispuestos al trabajo que ello requiere. Para llevar una vida digna, dice la Escritura (1Ts 4, 11-12), hacen falta tres cosas: procurar llevar una vida tranquila, cumplir con las propias obligaciones y trabajar con las manos. Y además añade que esto tiene que ser una cuestión de honor, querer tener una vida digna tiene que ser una ambición. Osea, que realmente nos lo tenemos que proponer como objetivo. Una vida tranquila, no necesariamente sin batallas ni luchas, sino con batallas elegidas con sabiduría, actuando conforme al espíritu de Cristo. Ocuparse de las obligaciones propias dice mucho y muy elocuentemente. Tenemos mucho que hacer como para meternos en la vida de los demás. No hay tiempo para críticas ni juicios. Manos a la obra. La obligación nos requiere y además estamos llamados a reflejar la gloria de Dios en todo lo que hacemos, así que no hay tiempo para entrar en asuntos ajenos. Y trabajar con las propias manos nos lleva seguro a la cuestión de la humildad, de la paciencia, de la sencillez. Aquí podríamos perder horas pero creo que el significado está más que claro.

Hablemos ahora de sonreír ante el futuro. Esto sí que es una hazaña, estaréis pensando. Tal y como está el patio, es una proeza de las que quedan para la eternidad. Y sin embargo, no es exactamente así. Tiene dos caras esta cuestión. La primera es que la sonrisa es el reflejo de la alegría interior, de esa alegría que produce la confianza en Aquel que todo lo lleva, que es Señor de nuestra vida y de nuestra historia. Confianza en que todo lo podemos en aquel que nos conforta, que nos da fuerza. ¿Y cómo se confía? Pues el secreto nos lo dice san Pablo también: “Sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada. Todo lo puedo en aquel que me conforta”. Vivir con alegría en cada situación, precaria o no. Porque quien tiene a Cristo ya lo tiene todo.

Como decía, lo de sonreír ante el futuro tiene dos caras. La segunda tiene de nuevo que ver con la confianza. Pero esta vez en nosotros mismos, la confianza de saber que hacemos lo que tenemos que hacer, y que lo hacemos lo mejor posible. Es cierto que Dios lleva la historia, pero no es menos cierto que también desea que nosotros nos pongamos manos a la obra. A su obra, mejor dicho. Viviendo en obediencia. 

Dicho todo esto (y repito, muchísimo más queda en el tintero), la tentación más grande que podemos tener es pensar que, ante nuestra propia pequeñez y nuestra fragilidad, ser una mujer como la de Proverbios 31 es una hazaña titánica. Podemos caer en el error de frustrarnos, cuando en realidad lo que Dios quiere es otra cosa. Nos quiere disciplinadas, viviendo con un objetivo en mente y  preparándonos para el objetivo final, que es la vida eterna. Combatiendo la buena batalla de la fe en nuestra cotidianidad. Nos quiere responsables con nuestro tiempo, con nuestros talentos y con los recursos que tenemos a nuestra disposición. El resto mejor se lo dejamos a Dios, porque caminamos junto a Él. Y como sabemos que Él camina con nosotras, vivimos tranquilas y sonreímos ante el futuro.

“Está vestida de fuerza y de dignidad, y sonríe sin miedo ante el día de mañana”. Pr 31, 25

Pulsera Proverbios 31: mujer fuerte y llena de dignidad

Os dejo aquí una foto de la pulsera que me compré para recordar cada día los grandes planes que Dios tiene sobre cada una de nosotras 🙂

 

* Querría aquí añadir una pequeña nota por si hubiera malentendidos. Soy perfectamente consciente de que para un católico no basta la interpretacion privada de la Biblia. Así lo dice nuestra Madre Iglesia y así lo creo yo también. Nuestra fe se basa sobre la tradicion, el Magisterio y la Escritura. Escrutar la Biblia de manera personal es útil y necesario, recibir la iluminación del Magisterio lo es también.

*Este artículo ha sido preparado con la ayuda de dos Bible Studies sobre el tema que cito a continuación. Agradezco a sus autoras su profunda sabiduría, su amor a Cristo y su deseo de llevar el Evangelio a todo el mundo:

Famous in Heaven and at home, Michelle Myers (disponible en Amazon)

Proverbs 31: Women of dignity washed in grace, Gretchen Saffles (pertenece a esta colección aunque actualmente no está disponible en su web: https://shop.wellwateredwomen.com/collections/bible-studies)

Si queréis encontrar más estudios podéis consultar también estas webs:

 www.takeupandread.org

blessedisshe.net

endowgroups.org

 

 

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5 comments

  1. Sara, poco hay que decir más! Me encanta. Hoy he visto a una mujer en TV diciendo que el catolicismo niega dignidad a la mujer… A mí no me has preguntado!! Creo que en la actualidad la forma más bella de ver a una mujer es desde los ojos de un buen cristiano, sabe valorarla al máximo y la Iglesia nos llena de dignidad.
    Al margen de ésto yo también estoy con un libro que me acompaña poco a poco, se llama “Comprender las escrituras” de The Didache Series.
    Y se te ha entendido perfectamente, no es más que un intento de perfección y profundización de la Palabra, porque la fe no se gana leyendo solo, se gana escuchando la palabra y al Espíritu, siempre en Iglesia.
    Me encanta lo que escribes. Un abrazo

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