El mayor ya lo sabe

El mayor ya lo sabe

No lo esperaba tan pronto. Confiaba en tener un añito más de inocencia intacta y más después de haber superado la prueba de este año con nota. Mi hijo mayor, de 9 años, había pasado unas Navidades estupendas y, por supuesto, tenía una ilusión enorme por que llegaran los Magos de Oriente. Hizo su carta con bastante antelación y se la entregó a Melchor justo en la víspera de la Epifanía en nuestra parroquia. Ningún comentario parecía cuestionar nada. Solo dijo: “Mamá, yo creo que los Reyes que vienen a la parroquia no son los de verdad”. Y ya.

La noche de Reyes se acostó muy nervioso y vivió la mañana del sábado lleno de ilusión. Es el año que más consciente ha sido de todo y lo ha disfrutado intensamente. Pero una idea empezó a rondarle la cabeza: los Reyes no le habían traído la Nintendo DS. Él sabe que no siempre traen todo lo que uno pide y eso no ha supuesto nunca un problema. De hecho, no estaba realmente afectado por no tenerla y, en cambio, sí estaba realmente contento con todos sus regalos. Pero eso le sirvió para empezar a unir cabos: “¿Por qué a mí no me traen la DS y a otros niños sí les traen videojuegos? ¿Por qué a mí nunca me traen pantallas?”.

Mi mayor, que de tonto no tiene un pelo, es muy consciente de que a sus padres no les gustan demasiado las maquinitas. Intentamos que desarrollen otro tipo de juegos y procuramos introducirlas muy poco a poco, dosificadas al máximo y siempre lo más tarde posible.

Eso, y una conversación con un primo de su misma edad que también empezaba a sospechar, puso la pregunta en su cabeza y después en sus labios. Ayer por la noche, cuando los pequeños ya estaban acostados, vino y nos preguntó:

—¿Vosotros habéis pensado alguna vez que los Reyes son los padres? —Bonita y sutil forma de plantear la cuestión.

—¿Por qué lo preguntas? —El clásico de responder con una pregunta nunca falla.

Y nos empezó a hacer todo su razonamiento lógico. Yo veía acercarse el momento de tener que hablar y me resistía a sacarle del guindo y romper su ilusión. Finalmente, la pregunta se hizo explícita:

—¿Los Reyes sois vosotros, los padres?

Aquí ya solo quedaban dos opciones evidentes: mentir o decir la verdad. Optamos por la segunda. Había llegado el momento.

Con todo nuestro cariño, se lo explicamos de la mejor forma que supimos. Le contamos que los Magos realmente existieron y fueron de los primeros en reconocer al Hijo de Dios, pero que murieron y no viven con forma humana eternamente. Le confirmamos que sí son de verdad y puede pedirles cosas porque ellos interceden ante Dios por nosotros para concedernos gracias. Le trasmitimos que nosotros, como muchos otros padres, deseamos seguir la estela de los Magos y que, por eso, el día de Reyes, hacemos regalos a nuestros hijos para hacer visible el amor de Dios, que todo nos lo da gratis y en abundancia. Le dijimos muchas cosas… muchas que no recordará, y que ni yo misma me acuerdo en este momento. Pero eso no importa.

La verdadera magia de la Noche de Reyes la vivimos este año con dos días de retraso, en esa conversación preciosa con nuestro hijo mayor. No dejaba de sonreír y sé, porque le rebosaba en la mirada, que se sintió profundamente amado por nosotros. Nos llegó a preguntar si todos los regalos los conseguíamos gratis y le dijimos que no, que hay que pagarlos, pero que nosotros somos felices de poder gastarnos el dinero en ellos. Pensar que sus padres organizan todo este tinglao por amor a él y a sus hermanos y que sus abuelos y padrinos también les regalan de forma anónima y sin esperar siquiera un “gracias” le impresionó profundamente y le llenó de agradecimiento.

Ahora va atando cabos y va admirando cada detalle, como por ejemplo, que los Reyes le hayan traído ahora ese libro de Geronimo Stilton tan especial, súper gordo y con páginas doradas, del que se enamoró el día de su santo, cuando fuimos a la librería para regalarle otro de la colección del roedor mucho más modesto y… económico. Así que no importa tanto si recuerda las explicaciones, porque lo que sí ha percibido es que todo es un acto de amor gratuito.

Además, ahora ha pasado a ser guardián de un gran secreto de familia, a ser cómplice con nosotros y custodio de la ilusión de todos los hermanos que vienen detrás de él y de sus amigos que aún no lo saben. Nos confesaba ayer que no estaba seguro de si iba a ser capaz de mantener el secreto y que a lo mejor se le escapaba sin querer… Hoy, en cambio, hablaba con sus hermanas de lo que le habían traído los Reyes Magos con una naturalidad que me ha dejado impresionada, como si no hubiéramos tenido nunca nuestra conversación secreta.

También es verdad que ayer lo quería saber todo… No acababa de entender cómo lo hacíamos, dónde comprábamos las cosas y cuándo… “¿¡Pero cuándo, mamá, por la noche!?” Pero a esas preguntas ya no obtuvo respuesta. “Querido, esos son secretos de padres y para ti la noche de Reyes va a seguir siendo igual de mágica y sorprendente como hasta ahora”. No, no queremos desvelar todo el Misterio y, como niño que es, esperamos que siga disfrutando —aún más, si cabe— de ese día que es puro don y que todos tenemos grabado a fuego en la memoria.

Confieso que yo no quería contarle nada todavía. A veces me resisto a que mis hijos crezcan tan rápido. Me impone eso de abrir etapas desconocidas y enfrentarnos a esos retos que van surgiendo a medida que los niños van siendo cada vez menos niños. De algún modo, me impacta ver que mi hijo mayor se va saliendo un poco por arriba, mientras que todavía tenemos a otro pequeñín por nacer de aquí a dos meses. Cada hijo, con su etapa, con un momento vital muy distinto, con problemas de diversa índole e inquietudes originales a las que hay que ir amoldándose. Desde luego, para el mayor quedó ya atrás la etapa de la inocencia ciega y empieza otra fascinante, quizá más compleja, más rica en razones y de complicidad con nosotros.

Ojalá siga preguntando

 

Si la duda revolotea en tu hijo y te gustaría tener ideas sobre qué decirle, recomiendo leer esta preciosa carta de los Reyes Magos que publicó Amparo Latre en su blog El Lío Madre, de Aleteia.

 

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5 comments

  1. Hermoso post! Me he sentido identificada y no contigo sino con el niño! Mis padres recuerdan con muchísimo cariño cómo una noche me revelaron el secreto, y yo me fui sonriente a dormir… Pero ah! Un momento, y papá Noel? Y el ratón Pérez? También sois vosotros? Mis padres atónitos… Me confesaron que si! Yo inocentemente esbocé una sonrisa más grande aún y me fui dando saltos de alegría.
    Ellos lo enfrentaron de otra manera, no me guardaron los misterios, sino que me convirtieron en el 3° rey mago. Las navidades siguientes les ayudé a conseguir los juguetes para mis hermanitos y a colocarlos luego en los zapatos. Recuerdo que esa fue la parte más emocionante!
    A mi marido también le conservaron la ilusión aunque él lo supo, y me parece igual de hermoso! Saber que piensan en ti con cariño y pasar del pedir lo que quieres a ver qué sorpresa te traen éste año, es emocionante también!
    La magia de los Reyes está siempre ahí, es una tradición hermosa!

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