El inesperado pan debajo del brazo que me trajo mi tercer hijo

He dudado mucho si escribir este artículo o no. Por un lado, no quería hacerlo demasiado personal porque no creo que mi vida interese mucho a nadie. Por otro lado, haciéndolo generalista corría el riesgo de aparentar que sé del tema y puedo dar consejos, cuando nada más lejos de la realidad. Soy perfectamente consciente de que lo mío no es nada comparado con lo que viven otras personas. Me siento novata en esto de la salud precaria. Pero aún así todo lo que he vivido y estoy viviendo creo que tiene un valor que podría resultar útil a alguien. Puede que me equivoque. En el peor de los casos me servirá para poner en orden mis ideas. Allá va.

Sin entrar en muchos detalles, a unos últimos meses de embarazo difíciles con situaciones familiares complicadas y agotantes, hubo que sumar que una semana tras el parto tuve un cólico renal. Desde entonces pruebas de hospital, una operación, y semana a semana pérdida de calidad de vida hasta llegar al día de hoy. Llevo ya tres semanas sin salir de casa porque mi salud no lo permite. Nos ayudan señoras de la limpieza, familiares y amigos a sostener el barco familiar. Mi marido se divide todo lo que puede para hacer la compra, atender a los niños y dejarme descansar por la noche (¡Gracias cariño!). En pocos días me vuelven a operar.  Puede que sea la luz al final del túnel que estamos esperando, o puede que no. Y todo esto lo he contado para poner en antecedentes, no es mi intención suscitar compasión, de verdad que no.

Ahora voy al meollo de la cuestión. ¿Qué se puede aprender de todo esto? ¿Qué me está enseñando la enfermedad?

No sabría ni por dónde empezar, porque me ha enseñado muchísimo. Para empezar (por escoger una, porque no es la más importante tampoco) que vivimos sólo una vez y que se nos ha dado un solo cuerpo para hacerlo. Y este cuerpo que durante estos últimos seis meses he visto tan maltrecho hay que cuidarlo. En primer lugar, agradeciendo todo lo que hace por nosotros. En mi caso cuatro embarazos (uno en el cielo, tres aquí) y treinta y cinco años de una vida bastante saludable para lo poco que lo he cuidado. Así que una enseñanza sería justamente ésta: basta de despreciar mi cuerpo por los defectos que le encuentro. Al contrario, tengo que agradecerle lo mucho que ha hecho por mí. Tengo solo una vida, ¿por qué malgastarla concentrándome en lo que no me gusta de él? Nos vamos a hacer compañía hasta la tumba, ¿por qué no llevarnos bien? Mi cuerpo se merece respeto y amor, porque Dios lo pensó y lo quiso así, tal y como muchas veces yo no lo acepto. Y además, como la cruz de la misma moneda, este cuerpo tengo que cuidarlo. En estos meses he repasado con dolor cada uno de estos años en los que he comido fatal días y días seguidos, en los que no he querido moverme del sofá y en los que, repito, lo he mirado no con indiferencia, sino con odio. Años y años en los que no lo he cuidado en absoluto, utilizándolo como quien piensa que siempre funcionará sin prestarle la atención debida. Lección aprendida. No es que ahora me vaya a convertir en una vegana adicta al fitness, pero lección aprendida. No volveré a vivir en guerra con mi cuerpo.

En cualquier caso no es ni mucho menos la única lección. Y, aun siendo importante, tampoco es la más importante de todas. La siguiente lección es la de la fragilidad. Mi fragilidad personal. No me refiero a la del cuerpo, que ya he dejado clara antes. Me refiero a la fragilidad existencial. Estamos de paso. La vida es tan breve y nuestro tiempo tan escaso que a veces los perdemos en tonterías. Buscando cosas y momentos extraordinarios, cuando lo ordinario es extraordinario. No lo digo por decir: ahora miro con envidia a mi marido cuando baja al parque con las niñas, y los veo reír y bromear entre ellos mientras yo estoy al otro lado de la ventana, esperando -con paciencia o con impaciencia, depende del día- mi turno. Miro con envidia a quien sale a pasear a mi bebé de dos meses mientras yo los saludo desde la puerta. Miro con envidia a quien puede hacerse unos largos en la piscina mientras yo sigo sentada. Esos momentos para mí no tienen nada de ordinario. Son la vida en su plenitud. ¿Quién nos ha engañado diciéndonos que la plenitud era algo que estaba a miles de kilómetros de distancia, o en una vida completamente diferente a la nuestra, llena de esclavitudes que falsamente llamamos libertades?

Vuelvo a repetir que no quiero compasión. Al principio viví mi situación y mis limitaciones con victimismo, con ira, con rabia, con resignación… Según el momento. Pero luego me di cuenta de que yo podía igualmente hacer muchas cosas que otras personas en peores situaciones de salud que la mía no podían: podía y puedo ver a mis hijos, acostarlos, preparar la cena y cenar con mi familia, estar en mi casa y no en un hospital. Puedo leer libros, puedo escribir artículos, puedo reflexionar. Tengo un techo, un marido que me quiere, tres hijos que me han sido donados sin mérito ninguno, tengo acceso a cuidados médicos. No me falta de nada. Y de repente, visto así, concentrándome en lo que sí tengo, la fragilidad de la vida, que a veces puede atemorizar, se ve de otra manera. Es una fragilidad que quiero preservar para disfrutar de cada momento que Dios me regala, cada cosa que inmerecidamente tengo. El día que dejé de pensar en lo que había perdido por el camino y me concentré en lo que aún tenía -¡que es mucho!- todo cambió a mejor. Mi resignación se tornó en paciencia, que es diferente. Empecé a pensar en los tiempos de Dios, que no son los míos. En el misterioso designio que hay detrás de todo esto para con mi familia. Nada es casualidad. La persona que era hace seis meses no es la que soy ahora. La madre que era antes ya no es la misma que la de ahora. La empatía que tenía con los enfermos antes no es la que experimento ahora.

Más lecciones. Justamente conectado a lo último que decía, no soy la misma madre que antes. En estos meses he tenido que adaptar mis exigencias y expectativas familiares. Uy, qué digo adaptar. Más bien disminuir. Pero mucho, mucho. Y en algunos casos incluso eliminarlas por completo. Convivimos con un nuevo grado de caos familiar nunca visto. Con esto no quiero decir que el desorden o la suciedad nos coma, eso no. Soy la primera que piensa que el orden y la limpieza de la casa generan paz y calma. En mí en primer lugar, y en la familia como consecuencia. Pero sí es verdad que no pretendo que todo esté en su sitio, y ni mucho menos perfectamente limpio. Toda una nueva era para mí. Hay un tiempo para limpiar y ordenar. Y lo que no dé tiempo, se queda sin hacer, que la vida sigue y no se la puede pasar una pensando en la casa. O mejor dicho, claro que hay que pensar en ello, pero como un acto de servicio a la familia, no como un acto de egoísmo (para mi propia calma) o de ego (para que lo vean los demás). He comprendido que mi tiempo tiene que estar dedicado a actos que cuentan para la eternidad: el servicio, la oración, la profundización en mi fe, la formación personal para darme más y mejor, las relaciones humanas. El resto, vanidad de vanidades.

Y una última lección. En realidad ni siquiera es la última, pero este artículo está quedando tan largo que me avergüenzo de dar tanto la vara. La última lección es y debería haber sido la primera. La realidad más profunda de la vida es que vivimos solos con Dios. Aunque estemos rodeados de gente y especialmente de nuestra familia, la relación que más importa, la que permanece, la que nos mantendrá a flote y en la que merece la pena invertir todo (porque se revertirá a su vez en las relaciones personas de nuestro entorno) es la que tenemos con nuestro Padre del Cielo. Cuanto más estamos con Él, más estamos presentes en nuestra vida cotidiana, más la gustamos, más nos damos con alegría, más podremos transmitir el amor que hemos recibido. Y qué decir de la Virgen. Aún más y mejor. Aunque sólo fuera por haberla conocido y gustado tanto, habría merecido la pena todo este tiempo. Qué compañera de fatigas más excelsa. Efectivamente nadie como ella para ser refugio de los afligidos.

Dicho todo lo dicho, y aún inmersa en este tiempo difícil que parece que nunca se va a acabar, no puedo sino reconocer que está siendo un tiempo de gracia. Si dijera que sólo ha sido una pesadilla estaría mintiendo. Es más, cuanto más ha pasado el tiempo más ha evolucionado mi visión de él. Me siento inmensamente afortunada. He comprendido de que la vida no va de vivirla al máximo con salud, sino de vivir y hacer lo mejor posible con el tiempo y la vida que se nos ha concedido, sea cual sea, incluso si es sólo dentro de mi casa porque no puedo salir a la calle. Incluso cuando querría sentarme en el suelo a jugar con mis hijas pero no puedo. O incluso cuando veo el baño sucio pero tengo que aceptar que hoy ya no tengo más fuerzas que gastar para eso. Make the most of it, dicen los ingleses. Aprovecha al máximo la vida, pero en el mejor de los sentidos.

Si habéis llegado hasta aquí quizá os hayáis preguntado qué tiene que ver mi foto embarazada arriba del todo. Pues bien, ahora miro con cierta ternura a esa Sara que estaba al final de un embarazo físicamente agotador pensando que ya en breve, en cuanto diese a luz, vería la luz al final del túnel. Ay, cara mia, si tú supieras la que se te iba a venir encima… Y es que el pan debajo del brazo que trajo el pequeño Pablo no era el que nos esperábamos. No, qué va, ha sido muchísimo mejor. Así que valor, porque también en los tiempos de prueba hay muchos regalos escondidos.

Gracias por todo, Señor.

PD: Estoy convencida de que todas las personas que han llegado hasta aquí (no sé si serán muchas…) han vivido en sus carnes tiempos difíciles, de prueba física y mental. Os invito a dejar en los comentarios también todo lo que habéis aprendido. Nos puede ser de utilidad y conforto a todos: ¡No os lo quedéis para vosotros!

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41 comments

  1. Me encanta el artículo Sara, la vida es maravillosa, y con Dios y la Virgen en tu interior y esa preciosa familia que habéis formado aún mejor. Que seas muy feliz 😘😘

    1. Muchísimas gracias por tus palabras María Isabel. Sin ninguna vida la vida con Dios y la Virgen es MARAVILLOSA, llevas razón 🙂

  2. Muchísimas gracias por decidirte a compartir tu experiencia y, especialmente, las lecciones que estás aprendiendo con ella. Ay, la Gracia de Dios, qué regalo. Un abrazo.

    1. Muchas gracias Alejandra, la verdad que me costó mucho decidirme a contarlo, pero sentía que tenía que hacerlo… “la Gracia de Dios, qué regalo”, tú lo has dicho!

  3. Muchísimas gracias por tu artículo, me ha servido mucho para valorar mi situación a la vez que comprender la importancia de darle gracias al Señor por todo, y de profundizar mucho más en la fe.
    Te deseo lo mejor para ti y tu familia, un abrazo.

    1. Gracias, Sara. En parte, aunque salvando las distancias, estás describiendo lo que me ha pasado. Mi bebé tiene 2 meses y desde el parto he ido encadenando una infección tras otra. Alguna más sería y otras más leves. No llego a estar en tu situación ni he pasado por quirófano, ni mucho menos. Pero justo por eso me ha llegado más aún. Porque no tengo de qué quejarme. Porque soy frágil, falible y muy humana. Porque me viene fenomenal la limitación para levantar el pie del acelerador… Gracias, Sara. Rezamos para que te recuperes pronto. Y sigue compartiéndonos, por favor

      1. Gracias Sara, cada situación es diferente pero está claro que la cruz en cada momento pesa, sea cual sea, y que Dios nos ayuda, sea como sea. Un abrazo!

  4. Gracias Sara y mucho ánimo con la operación y la recuperación…
    Yo llevo una temporada (cerca de 3 años) con un panorama complicado. Tengo un trastorno depresivo que me ha llevado a estar ingresada 3 veces (el último ingreso con mi bebé recién nacido de apenas 2 meses).
    Estando ingresada lo ingresaron a el en la UCI por una bronquiolitis.
    Y lo último ha sido que mi marido se quedó sin trabajo.
    Mentiría si no te dijese que hemos tenido momentos de todo: de no querer mirar la Cruz y de abrazarla. La vida es dura, muy dura. Pero tiene sus momentos dulces. En mi caso los momentos difíciles nos ha unido más como matrimonio y como familia. Y cuando hemos rezado el rosario en familia es increíble la paz real que hemos sentido.

    1. Tan cierto! Dios no abandona. El Rosario en familia es impresionante. Yo también siento Paz aunque sea un caos el Rosario en si con mis hijos de 6, 4, 3 y 1 año saltando alrededor. Jaja Bendito sea Dios.

      1. Querida Dolores, claro que sí, Dios no nos abandona nunca. Me encanta la estampa de tu rosario familiar. Un abrazo y bendito sea Dios!

    2. Querida amiga, siento muchísimo tu situación y te aseguro mis oraciones. Estoy segura de que Dios está a vuestro lado en esta batalla que os está tocando librar. Y como bien dices, también en la dificultad hay pequeñas gracias. Un abrazo!

  5. Mi Sarita que maravilla de articulo, aun recuerdo cuando te llevabamos en coche a casa de tus padres despues de la Eucaristia, no hace tanto y en cambio cuánto ha cambiado tu vida y tu. Dios es grande con quien perservera. Rezamos por tu pronta recuperacion. Sabes que te queremos
    Jesus y Carmen

    1. Querida Carmen, cuántos recuerdos y cuántas grandes conversaciones juntas (bueno, juntos, que también estaba Jesús!). De esta Navidad no pasa que cenemos todos juntos! Un abrazo!

  6. Gracias por escribir de las bondades de Dios. Qué alegría y emoción leer tu testimonio.
    Te saludo en Cristo y la Santísima Virgen.
    Dolores

  7. Ay, Sara! No sabria decirte si somos amigas o conocidas, pero creo que nos unimos hace tiempo en otro nivel. En el de una cruz muy concreta. Y bueno, que puedo decir que no hayas dicho tu sobre la dimension del sufrimiento, ahora en tus carnes mas que nunca.
    Rezaré mucho por ti, por tu marido y los niños. Dios es muy Grande y sus caminos no siempre son faciles de andar.
    Un beso enorme, un abrazo fuerte y mi oracion.
    P.D. mi hermano se llama Pablo. Ya tiene faena.

    1. Querida queridísima Débora. La distancia no hace el olvido, y esa cruz tan concreta no se olvida jamás. Precisamente por eso no hay etiquetas para lo nuestro 🙂 Muchas muchísimas gracias por tus oraciones, es verdad que los caminos de Dios a veces son difíciles, pero con la ayuda de los hermanos se lleva mejor. Un abrazo, y que viva el nombre de Pablo!

  8. Gracias por compartir tu historia. Efectivamente la alegría no es ausencia de sufrimiento. Nos has demostrado que una vida plena es mucho más que una vida Pinterest.
    Un abrazo y mucho ánimo en la recuperación

    1. Una vida plena es algo maravilloso. Duro, pero maravilloso. Me alegro de haberlo transmitido. Gracias por haberlo resumido TAN BIEN, Miriam! Un abrazo!

  9. Qué hermosas palabras, Sara, y qué poderosa lección para todos. Me alegro de que hayas podido sacar algo tan positivo de tu situación y espero de todo corazón que pronto puedas volver a disfrutar de esas pequeñas cosas, que en el fondo son las grandes.
    Llevo arrastrando un trastorno de ansiedad, ataques de pánico y depresión posparto desde hace un año que nació mi segunda hija. Es duro, muy duro no estar al 100%, algunos días ni al 1%, pero si de algo me está sirviendo esto es para diferenciar lo esencial de aquello que no lo es.
    Aunque lo más importante es que he vuelto a acercarme a Dios después de muchos tiempo voviéndole la espalda y estoy empezando a ver lo equivocada que he estado durante estos años; a pesar de tener unos hijos y un marido maravillosos, un techo y unas comodidades, si no tenemos a Dios presente en el día a día para darnos cuenta de cuál es su mensaje y lo afortunados que somos, todo pierde su sentido tarde o temprano. Aunque en ocasiones necesitemos algún aviso para ser conscientes de ello.
    Os envío mis mejores deseos y os tendré presente en mis oraciones.

    1. Querida Raquel, siento mucho saber por lo que estas pasando, pero si ha sido para volver a descubrir la verdad y la belleza de una vida al lado de Dios, entonces bienvenida sea la cruz. Somos afortunadísimas, ¿sabes? Un abrazo y cuenta con mis oraciones!

  10. Precioso y profundo artículo. Gracias.
    “He comprendido que mi tiempo tiene que estar dedicado a actos que cuentan para la eternidad”.
    Es esa la nueva dimensión que nos proporciona la fe.
    Gracias.

  11. Maravilloso post Sara. Muchas gracias por abrirte y compartirlo. Te tendré presente en mis oraciones. Me ha ayudado mucho tus referencias a no tener la casa perfecta, gracias. Nosotros también pasamos por un momento complicado, no directamente pero sí en la familia más cercana y nos está ayudando a valorar la vida, como explicas tú. Las gracias que vienen de una enfermedad nunca las podemos imaginar. Un abrazo.

    1. Querida Alicia, efectivamente la enfermedad conlleva gracias escondidas que a primera vista quizá no veamos, pero a medio plazo empiezan a asomar… Qué suerte la nuestra. Un abrazo grande y abajo la vida Pinterest! 😉

  12. Me ha encantado el post, es una gran lección de vida y me ha hecho reflexionar, pensar, poner un “pause” y volver a darme cuenta de lo realmente importante…el día a día nos come y muchas veces nos hacer perder perspectiva….Dios sabe más y sólo tenemos que dejarnos llevar de su mano. Encomiendo para que la operación sea un éxito y en poco tiempo eches de menos un ratito de sillón porqué estás agotada de jugar con tus peques en el jardín 🤗🤗

    1. Querida Ana, efectivamente la enfermedad da muchísima perspectiva. Yo ya no soy la misma de antes, gracias a Dios. Un abrazo y gracias por tus oraciones!

  13. ¡Precioso artículo! Cúrate pronto. Baci

    P.D. – Cuanto más os leo, más interiorizo que, en vez de MTQS, vuestro blog debería llamarse LAS MUJERES SABIAS.

  14. Buenos días, acabo de llegar de misa y conoceros a través del programa”últimas preguntas ” de la 2…pero ha sido increíble, no tengo palabras, pues acababa de pedirle al Señor que acercase a mi vida a personas que de alguna forma, ya que no consigo encontrar una dirección espiritual, iluminasen y fortaleciesen mi fe…

    Ufff, no he podido dejar de leer y llorar, pero ante todo, doy GRACIAS a DIOS por este regalo.

    Sara, por mi parte te envío de corazón todo mi ánimo, mi cariño y desde hoy cuenta con mi oración diaria por tu salud y tu pronta recuperación.

    Que la PRECIOSÍSIMA SANGRE y las SACRATISIMAS LLAGAS de JESÚS te sanen y te cubra y proteja en todo momento el manto de la Santísima Virgen María.
    Un abrazo grande para todas y MUCHAS FELICIDADES por cumplir este proyecto de DIOS.

    1. Querida María Teresa, me alegro muchísimo que nuestra aparición en Televisión Española haya servido para que el Señor te haya hecho un pequeño regalo. Espero que esto sea sólo el principio! Un abrazo grande y gracias por tus oraciones, cuenta con las mías!

  15. Acabo de leer este artículo; ha sido a raíz de la entrevista que hicieron a tus tres compañeras de blog en la 2 de TVE, y en el que no apareciste. Claro, vives en Italia, y no solo eso, es que probablemente sigas recuperándote a día de hoy.
    Sin conocerte, realmente has logrado la empatía de tus lectores… ¿Qué tal estas?

    Quería agradecerte, a ti y a todas las escritoras de este blog, vuestro tiempo y entrega.

    Efectivamente la enfermedad es un vehículo de humildad, aunque muchas veces sea demasiado duro ese camino; pero creo que es casi el único modo de entender de verdad lo que sienten los enfermos, y, así, poder acompañarles y ayudarles mucho mejor.

    Gracias. Que Dios os bendiga.

    1. Querido Nacho, muchísimas gracias por todas tus palabras. Me ha gustado lo que has dicho de que la enfermedad es un vehículo de humildad. En mi caso duro pero muy necesario. Te agradezco muchísimo tus oraciones y te envío un fuerte abrazo!

      1. Gracias Sara, he llegado aquí desde Instagram. 100% identificada. Muchas gracias por no guardartelo. Esta debería ser el tipo de vida que mostraran los medios de comunicación diariamente. Nos exigimos tanto y despreciamos las cosas tanto en función de una comparativa utópica, que no es real (la que nos muestra la sociedad), esta es la realidad, en menor y mayor medida, cubierta de una coraza de vanidad y orgullo que solo quiere mostrar lo “bonito” de la vida aunque no sea real del todo. Qué hay más real que el sufrimiento, el abandono en Dios y vivir en Bendición? Esa es mi meta, vivir en Bendición. Fuera orgullo, fuera vanidad, Espíritu Santo ven. Un beso grande

        1. Qué razón llevas en todo Cristina! Esta sociedad nos obliga a llegar a un estándar que no es real, pero al mismo tiempo nuestra soberbia juega un gran papel. Lo mejor, dejarselo todo a ÉL. Un beso grande! Me ha encantado tu comentario!

  16. Gracias de corazón, querida Sara. No te conocía, pero doy gracias a Dios por lo muchísimo que Él te cuida y por lo muchísimo que nos has transmitido de Él y de ti en tu precioso artículo. Gracias también de corazón a tu marido, a tus queridos amigos y a todos los que te han ayudado y te ayudan en la vida.

    ¡Qué alegría que la Virgen sea también tu refugio! ¡También lo es el mío y el de mis amigos! Como muy bien dices: “¡Qué compañera de fatigas”!

    Rezo un avemaría por ti y otro por todos los lectores que te han hecho tan excelentes comentarios. Reza tú también, por mí y por mis amigos, otro avemaría, cuando bien puedas.

    Un fuerte abrazo

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