El tablón del agradecimiento

Hace un mes compartí en mi instagram una imagen de una preciosa costumbre que tenemos en nuestra casa desde hace cinco años. Se llama el tablón del agradecimiento y le atribuyo la “mágica” propiedad de crear gratitud y felicidad en el corazón con tan sólo mirarlo. ¿Os apuntáis?

Se trata simplemente de comprar un corcho de esos gigantes en forma de tablón para colgarlo en una pared visible de la casa. Nosotros hemos elegido un espacio intermedio entre la cocina y el salón (visto que hemos unido ambas habitaciones), pero anteriormente estaba en la cocina. Busca un lugar por el que pases y ante el que tengas la oportunidad de pararte diariamente. Algo que puedas ver cada día cuando te levantas, o cuando desayunas, o cuando vayas al salón un rato. Si queda relegado a una habitación que no utilizas diariamente o un pasillo por el que vas corriendo perderá el efecto prometido.

Todo empezó con Ian y Larissa. Si no sabéis quiénes son, corred a ver este vídeo. Corred porque vale la pena conocerlos. (Advertencia: ¡podéis quedaros prendados de la belleza de su matrimonio!) Este vídeo en sí mismo daría para otro post completo, ya que el tema principal no es ni mucho menos el tablón. Pero igualmente merece nuestra completa atención, garantizado.

Hablan del tablón del agradecimiento a partir del minuto 4:30 pero todo el vídeo es digno de ver, y además opino que este tablón cobra aún más sentido conociendo la historia de esta pareja. En el vídeo Larissa cuenta que el tablón es una buena manera de practicar el agradecimiento, y no le falta razón.

Yendo a lo práctico, os cuento que nosotros lo renovamos al comenzar el año. A lo largo de los meses apuntamos en post-it momentos, personas, noticias, cosas… Todo lo que nos llena el corazón de agradecimiento y que no queremos que se nos olvide. Por la mañana cuando desayuno junto a mis hijas tengo la oportunidad de fijarme en el tablón y os puedo asegurar que siempre me sale una sonrisa. Cada uno de esos post-it está pensado y trae a mi memoria un día o un momento que no quiero que se me olvide porque fue precioso. Y gracias a este tablón es más fácil recordarlo. Como dije en mi Instagram, es una manera de vivir diariamente buscando el don, y no lo que te falta.

Al finalizar el año hacemos una foto a gran resolución del tablón tal y como ha quedado, y después quitamos todo para volver a empezar. Os confieso que lo peor es verlo vacío… Pero lo mejor es lo adictivo que se vuelve llenarlo. Confío en que para el año que viene mi hija la mayor pueda ya colaborar con sus propias ideas. ¡Me parece que es una actividad muy familiar y que servirá para inculcar a nuestros hijos el precioso habito de agradecer las grandes y las pequeñas cosas de cada día!

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