Cuando los métodos naturales fallan

Quien tiene hijos pequeños sabe que son siempre directos en sus preguntas y originales en sus respuestas. Mamá, ¿de dónde vienen los niños? Cuando trataba de explicárselo a mi hija de seis años (¿ya a estas edades lo preguntan?), me cortó impaciente. Al no encontrar ningún sentido a lo que yo le trataba de explicar, su solución fue que por qué no me tragaba directamente la semilla y así todo resultaba más fácil. Os podéis imaginar la cara que se me quedó.

Todos sabemos de dónde vienen los niños, no hace falta que cuente otra vez lo de las semillitas. Aunque a veces, entre nosotros, me siento tentada a recurrir a esas explicaciones infantiles cuando escucho “¡¿Que tienes cuántos hijos?! ¿Tan seguidos?”. Nos inquietamos tantas veces por la opinión ajena que nos olvidamos de lo importante. Alegría, no escándalo ni culpabilidad, debe dar traer hijos al mundo, aunque no parezca el momento oportuno (si no lo leísteis, el post de Sara viene a cuento). La planificación es familiar, tuya y de tu cónyuge. Segundas, terceras e incluso cuartas opiniones sobran. Sí, también la de tu vecina que solo te da consejos.

Usar planificación familiar natural no es sinónimo de tener muchos hijos. Parece una regla de tres que si se usa un método natural supuestamente eficaz y tienes más de 2 hijos es que no funciona. No digo nada cuando encima se llevan un año escaso entre ellos. ¿Y dónde está el fallo? Puedo decir sin equivocarme que el fallo o la culpa (si se le puede llamar culpa a una nueva vida) casi nunca es del método. Porque los métodos naturales para espaciar embarazo funcionan. Sí, eso has leído, funcionan. Y es que tienen una eficacia tan alta que incluso supera a las píldoras o a los condones. Me refiero lógicamente a los métodos modernos como el Billings o el Sintotérmico, no al del cálculo o calendario.

Y el método en cuestión funciona si se ha aprendido bien, y si se conocen y se aplican correctamente sus reglas. No vale que le eches la culpa cuando lo aprendiste de aquella manera por internet, ni cuando tus gráficas estaban incompletas y no había por dónde cogerlas, ni cuando empezaste un tiempo de aprendizaje que nunca terminaste. Fue entonces cuando te quedaste embarazada sin esperarlo y por dar explicaciones a quien no hace falta darlas te escudaste en esas “malditas gráficas”. Sería como si al tropezarte con una mesa le echaras la culpa por el dolor del golpe, cuando solo tenías que mirar por dónde ibas.

El reconocimiento de la fertilidad no enseña a no tener hijos, sino que enseña a saber dónde estáis, en día infértil o en día probablemente fértil.

El método realiza su función, y vosotros decidís qué hacer con la información que os da. De un 100% de entendimiento sacamos un 100% de libertad y de responsabilidad consciente. Porque el secreto está en saber. Y si no sabíais, por favor, no digáis que el método no funcionó, decid más bien que no teníais ni idea de lo que estaba pasando. Igualmente, eso no quita valor ni generosidad, ni hace que esos hijos que llegaron de forma “imprevista” sean menos queridos, sino todo lo contrario.

Y nadie sabe ni tiene por qué saber que donde cabía posibilidad de embarazo (aunque fuera una entre mil) elegisteis la opción “nos arriesgamos”. Y a pesar de ese rumor popular que decía que no ibais a tener más hijos, los tuvisteis. Y es que los métodos no saben que la vida es rica en afectos y emociones que no entienden de los tiempos de abstinencia requeridos. Porque los hijos son certeza del amor de dos y regalos exclusivos de Dios, nunca se debería decir que son fallos técnicos. Y, claro está, tampoco semillitas. 

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