Joyas de mi armario y mi drama con la vuelta al cole

¡Estoy de vuelta, amiguis!

Tras un verano recolectando ideas para el blog no se me ha ocurrido mejor forma para volver que contándoos el verdadero drama que hay detrás de la “vuelta al cole”… y mucho tiene que ver, una vez más, con lo que guardamos en los armarios…

Empezamos fuerte el curso, os enseño alguna joya de mi armario y de nuestro querido Amancio Ortega.

¿Existe alguna forma mejor de superar la crisis posvacacional que echándonos unas risas juntos?

 

 

Discapacidad en tiempos del bullying

Discapacidad

Con esto de la vuelta al cole tenía pensado escribir sobre algo muy distinto. Como dice mi amiga, compañera de blog y pedazo de mujer, Isis Barajas, rumiaba un artículo más cultureta, que por lo visto es lo mío. Pero he leído algo esta tarde que me ha tocado el corazoncito, y por aquí voy a tirar. Se trata de un artículo sobre cómo los niños con discapacidad son, habitualmente, rechazados en los juegos de recreo. No me voy a rasgar las públicas vestiduras. Antes de ser madre de un niño con síndrome de Down, he sido niña, y también adolescente. Y reconozco que, por lo general, la discapacidad, a ciertas edades, produce una mezcla entre rechazo, desagrado, compasión y miedo, producto del más absoluto desconocimiento. Una ignorancia tóxica, dañina, segregadora y en ocasiones hasta cruel. Niños que hablan mal, que andan mal, que no corren, que babean, que no saben o no pueden jugar son sistemáticamente ignorados en el patio o en el parque, o en clase (con probables, loables y lamentablemente escasas excepciones).

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Nesting and recycling

¡Nuevos palabros nos invaden! ¿Hasta dónde puede llegar la inventiva del ser humano? Sólo Dios lo sabe… De momento, lo único que yo sé, es que la RAE, va a tener que llamarme para la próxima revisión del diccionario…

El arte del bien vivir

Mujer reflexionando

Me pasa muchas veces que tengo más el título en la cabeza y una idea general que un auténtico desarrollo del texto. Mi corazón sabe antes que yo qué quiere decir. Mi cerebro llega después. ¿A alguien más le pasa lo mismo? Espero que sí…

Venía esto a colación de lo siguiente (aunque siendo completamente honestos cualquier historia podría valer, ésta no es la única ni la mejor): el 4 de junio esperaba la renovación de mi contrato, pero no podrá ser porque mi barriga de ocho meses es, lógicamente, un problema. Y las esperanzas para el “después” son muy relativas.

No quiero reivindicar nada. No me sale de dentro.

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Mi casa tendría que ser más grande

“Mi casa tendría que ser más grande”, me digo una y otra vez mientras buceo por enésima vez en Idealista para encontrar el hogar de mis sueños… Si así fuera -me repito y me convenzo- la vida familiar sería más fácil y mucho más relajada. Sin duda, sería más feliz. En una casa más grande no tendría que hacer tetris con las tronas de los bebés cada vez que quiero abrir el lavavajillas e incluso cabría una persona de pie en el cuarto de los chicos cuando las literas abatibles están abiertas. Dicen que el roce hace el cariño, pero tengo comprobado que intentar cocinar mientras esquivo de puntillas a los bebés que gatean por el suelo o mientras pido a propios y extraños que se aparten otra vez para abrir el cajón de las ollas hace de todo menos sacar el cariño que llevo dentro.

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La herencia que nos dejaron

Ilustración de María Olguín Mesina para el artículo "La herencia que nos dejaron". Isis Barajas. Revista Misión
Ilustración de María Olguín Mesina

Sus manos cuadradas, chatas y mullidas me transportan a otro tiempo. A aquellos años de infancia en los que, sentada en las rodillas de mi padre, disfrutaba cogiéndole la mano. Era tan gordita, suave y, sobre todo, blandita, que me entretenía apretándola con las mías, tan pequeñas y huesudas. Mi padre reía divertido; le parecía graciosa esa predilección mía por su manos grandes y fuertes, a la vez que suaves y achuchables. En los días previos a su muerte, junto a la cama de la UCI de un gran hospital, me despedí de él mientras volvía a acariciar esas manos, ya menos rellenas pero igualmente blanditas que todavía hoy recuerdo con todos sus detalles.

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¿Procrastinas? ¿Ein?

¿Te compraste la revista de moda, que trae de regalo la agenda, con el pensamiento “este año, gracias a esta agendita tan cuqui, me lo voy a organizar bien”? ¿Te haces mil listas que terminas perdiendo antes que cumpliendo? Hablamos de procrastinación. Sí, un palabro que lleva mil años en el diccionario pero que algún listo ha decidido sacar del armario. Procrasti ¿qué? Este mes he escuchado esta palabra tres veces. Va a ser que al diccionario también han llegado las tendencias e influencers…

Sobre perros y familias numerosas

Cada hijo es amado singularmente, es apreciado y valorado por quién es, cada uno es distinto, es único, es maravilloso a nuestros ojos. No por tener más les queremos menos, ni les tratamos en lote.

Hace algunos días, una mujer muy querida para mí escuchó la siguiente conversación en la panadería:

– Mira a esa, embarazada otra vez.

– ¡Qué bárbaro! Como perros…

Ella, que está esperando a su sexto hijo, hizo como si no escuchara nada, y del mismo modo que entró, se marchó.

Las madres de familia numerosa a veces escuchamos este tipo de comentarios que nos atraviesan como una punzada el alma. Una se siente tan humillada y dolida que ni siquiera salen palabras de la boca para responder como es debido. Pero yo hoy, con permiso de mi amiga, sí quisiera explicarle, con todo mi respeto, algunas cosas a aquella señora.

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