La Navidad no necesita que la salven

Navidad salvadora

Creo que no queda un solo político, economista o empresario que a estas alturas no se haya apuntado a lo de salvar la Navidad, que suena a taquillazo de animación y que se ha convertido, al parecer, en nuestra inquietud prioritaria, en un mantra que se repite una y otra vez para referirse al pan y la sal.  Al sufrimiento de tantos que ven cómo se hunde su negocio y necesitan que eso no ocurra, a quienes piden aplicar ahora restricciones y cierres para frenar los contagios para no tener que vivir en enero una debacle y morirse de hambre y de pena.

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El poder de la alabanza

Todos tenemos días blancos y días negros, ¿verdad? Últimamente, en mi caso, son días de extremos totalmente. Blanco impoluto y negro profundo. Y hoy pensaba… ¿cómo hacer para que sobreabunde el blanco?

Está claro que la única solución es dejar pasar la luz. Sí.

Pero… ay, amigo, ¡es que hay tantas formas de hacerlo y no siempre eficaces!

Y seguía dándole vueltas.

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Educación Especial: una necesidad incontestable

educación especial

Tengo un hijo con síndrome de Down que va a un cole de educación especial. Es el ser humano más bueno, apacible y maravilloso que habéis podido conocer. Convivir con él es un auténtico privilegio. A los cinco meses fue operado de una grave cardiopatía y le costó empezar a andar.

Fue a una escuela infantil de integración donde sus profesores y compañeros le trataron como a uno más y donde fue absolutamente feliz. Y la idea de su padre y la mía siempre fue llevarlo con su hermano a un colegio de educación inclusiva. Hasta que llegó el día de cambiarlo.

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El tiempo bajo las estrellas

Estrellas vistas con live composite de Olympus

Cuando era niña, una de las cosas más fascinantes de venir al pueblo era ver ese manto de estrellas infinito, imposible de apreciar en la ciudad. Pareciera que en cualquier momento se iba a descolgar para dejarnos sepultados debajo. La inmensidad del firmamento me obsesionaba y muchas noches, antes de dormirme, cerraba los ojos en la cama y me imaginaba por ahí perdida en el espacio, pequeña e insignificante, en medio de planetas, constelaciones, cometas… En medio de tanta magnitud.

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Prismáticos de cuarentena

¡Hola amiguis! No sé a vosotros, pero a mí, este confinamiento me está desatando la vena artística que llevo dentro. Como ya os conté en mi primer vídeo, tengo tres años de Bellas Artes, así que algo de aquello me queda. Además, para todos los que habéis ARRASADO CON EL PAPEL HIGIÉNICO de los supermercados, os doy esta ideíta que viene más a cuento que nunca. La España de balcones es la España que sale aplaudir y que está más unida que nunca frente al virus pero… también es la España que mira entre visillos a ver qué hace el vecino.

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Certezas en tiempos de Coronavirus

ayudar al projimo con amor en tiempos de coronavirus

La idea de este artículo me rondaba la cabeza desde hace un par de semanas. Me imagino que estos días en los que España ha empezado a vivir en aislamiento de verdad, muchos se habrán hecho ciertas preguntas. El miedo es libre, y pone en cuestión todo. Lo que antes eran seguridades incuestionables ahora incluso nos parecen cosas sin importancia. Todo lo que antes nos proporcionaba una cierta tranquilidad se ha reducido ahora a una décima parte. A veces parece que lo único que nos queda es encerrarnos en nuestra propia casa, como niños pequeños, y escondernos hasta que amaine el temporal. Cuesta en cierto modo ser “adulto” cuando lo que nos pide el miedo es refugiarnos en los brazos de alguien. Son reflexiones que hago desde hace un mes, el tiempo que llevamos nosotros aislados aquí por el coronavirus. Y de esto precisamente quiero hablar, de las certezas que nos quedan en estos tiempos de Coronavirus, donde parece que no queda nada.

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Aislamiento en casa por coronavirus: ideas prácticas

Como algunos de vosotros sabéis, llevamos tres semanas de aislamiento por el coronavirus en mi zona, por lo que hay gente que me ha pedido un post con ideas prácticas para organizaros los días y poder intentar “llegar a todo”. Aquí va mi humilde intento.

Sólo dos cosas antes de empezar. En primer lugar no soy psicóloga, psicopedagoga ni profesora. Soy solamente madre. Por lo tanto, mis ideas se basan en mi experiencia personal y puedo estar perfectamente equivocada pedagógicamente hablando. Lo acepto. En segundo lugar, mis hijos tienen 4, 2 y 1, y por tanto mis sugerencias son aplicables a niños pequeños. No entiendo de adolescentes todavía… Si hay madres o padres por aquí con más experiencia os invito encarecidamente a que dejéis un comentario en este artículo y podáis ayudar a otros que puedan necesitarlo.

Ahora, ¡vamos a ello!

Lo primero que os pido es que leáis mi anterior artículo sobre el aislamiento por coronavirus. Es importante afrontar este tiempo con el espíritu justo, viviéndolo como una oportunidad en muchos sentidos. Teniendo claro que el objetivo es DAR FRUTO  a todos los niveles. ¡No os lo perdáis! Un tiempo fructífero para tus hijos, que les sirva para aprender en muchos sentidos. También aprender aún más de lo que significa tener paciencia y colaborar en familia. Y también un tiempo para aprender de vosotros, padres. Es vuestra oportunidad para ser un MODELO en tiempos difíciles. Para demostrar vuestra tolerancia a la frustración, vuestra templanza. Y sobre todo, vuestra alegría. Si al final son capaces de recordar dos meses de encierro con dos padres alegres, será una lección de por vida.

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Cuaresma en aislamiento por coronavirus, una oportunidad única

aislamiento en casa por coronavirus

[Trabajaba en este artículo desde hace unos días, pero la última hora del coronavirus en España me ha empujado a terminarlo esta misma noche y publicarlo ahora. Espero que pueda servir como una pequeña reflexión y sea útil a alguien]

 

Como sabéis algunos que estáis siguiendo los acontecimientos por redes sociales, soy una de esas miles de personas atrapadas en aislamiento en Italia por el coronavirus. Todo empezó hace ya casi tres semanas, aunque a mí me parece ya una vida, sin exagerar. Mi vida y la de mi familia se “congeló” en cierto modo el pasado 21 de febrero, y de momento ahí seguimos. Colegios y guarderías cerrados hasta el 15 de abril, por lo menos, lo que supone practicamente dos meses de niños en casa. La normalidad se fue y quién sabe cuándo volverá. La cotidianidad ahora es otra completamente distinta. Vivimos los cinco juntos en casa. Mi marido trabaja en nuestro dormitorio con un escritorio improvisado con la mesa del cambiador, y yo me encargo de los niños y de la casa. Salimos a tomar aire con ellos un par de días a la semana, y yo quizás otros dos salgo a hacer recados necesarios. Eso es todo. Nuestra vida transcurre básicamente entre las cuatro paredes de nuestra casa.

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El milagro de Jorge Ribera

Jorge Ribera con la Virgen peregrina de Torreciudad

Caldo de cultivo de nuestra estridente insignificancia, las redes sociales son, por lo general, eco y espejo de nuestras miserias. Pero hay veces en que lo son también de nuestras pequeñas grandezas. Jorge Ribera ha sido maestro de lo segundo.

A Jorge lo conocí de casualidad -o quizá no- navegando por las procelosas aguas de Twitter, donde recalé un día en un perfil, @suitedelresort, suficientemente potente como para hacer que me detuviera, entre admirada y conmovida. Desde su cuenta “Aislado en mi suite”, Jorge se definía: “Smile Soldier. Aquí voy relatando lo que me va pasando en mi aislada estancia, día a día, en la Suite del grandísimo Hospital-Resort La Fe de Valencia”. Desde allí, tirando de humor y redaños, Jorge iba contando y poniéndonos en danza. Cada vez que los embates de la leucemia le dejaban, entre punción lumbar y aspirado de médula, Jorge, que ante todo era hombre de fe, nos invitaba a rezar (él decía “mandar refuerzos”, “duplicar la artillería” o “presionar al Jefe”) no solo por él, sino por infinitos casos de compañeros de hospital, amigos o conocidos sufrientes que en aquel momento necesitaban de apoyo. Siguiendo la estela del inmenso Pablo Ráez, pedía también donaciones de médula; pero Jorge hacía, además, la lectura trascendente.

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Propósitos de Año Nuevo: Una idea práctica

objetivos de año nuevo

Que soy una mujer amante de los propósitos de año nuevo es algo ya conocido en este blog. Cada nuevo año me tomo el mes de enero de reflexión para buscar la perspectiva necesaria que, muchas veces a causa de la frenética vida que supone ser madre de familia numerosa, voy perdiendo a lo largo de los meses. Sé que llego un poco tarde porque estamos ya  “casi” terminando febrero. Por suerte sé que sabréis perdonarme, no me da la vida para más. Pero tampoco quería dejar pasar mucho más tiempo, porque el tema perdía su interés.

Todo empezó con un propósito de año nuevo muy concreto que, ya que estamos, también lanzo aquí. Dándole vueltas al uso del móvil y de algunas aplicaciones (si todavía no habéis leído mi post sobre las razones para dejar Instagram, aquí os lo dejo) me pareció el momento de dar un paso más allá en la necesaria desconexión tecnológica que hoy más que nunca creo que necesitamos todos. Desconectar de las pantallas para conectar con la familia, para vivir en presente y estar presente. No sólo estar físicamente, sino con la mente y el corazón en cada cosa que se hace y con cada persona que se está. Pues bien, mi marido recibió el día de Reyes un paquete y una carta con una propuesta. En el paquete, un reloj despertador. Me parece casi poéticamente vintage. Mi último reloj despertador creo que lo utilicé hace quince años, y mi marido más o menos lo mismo. Desde hace ya mucho tiempo el móvil funciona de despertador y se queda toda la noche en la mesilla del propietario. Pues bien, pensé que hacer de nuestro dormitorio una zona libre de móviles era una idea que podía funcionar. Se lo expliqué todo en la carta y aceptó entusiasmado. Los móviles se quedan cargando en el salón por la noche y el despertador se programa a la vieja usanza.

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