BEETHOVEN, EUROPA Y EL PURÉ

Europa es el alma de Beethoven. Europa no la construye un Tratado, no la sostiene un mercado, ni la compra una moneda.

No suelo llevarme el móvil cuando voy a cocinar. Me gusta encerrarme a solas con mis bártulos y, acaso, escuchar la radio mientras pienso qué sabroso apaño podré hacer en los próximos diez minutos con lo que tengo en la nevera. Pero el otro día sí me lo llevé. Acababa de encontrar el enlace a un evento en streaming y pensé que sería una buena música de fondo mientras hacía el puré para los niños. Se trataba, nada menos, que de la Novena Sinfonía de Beethoven en directo desde la Elbphilharmonie de Hamburgo, con Gustavo Dudamel –la batuta del momento– al frente de la Sinfónica Simón Bolívar. No era, ciertamente, la primera vez que escuchaba la Novena, y la había encontrado ya empezada, así que, mientras sonaba el apacible tercer movimiento iba yo sacando el cazo, la sartén, la tabla de cortar y mi cuchillo verdulero.

Reconozco que luché por no dejarlo todo y sentarme a escuchar: aquello sonaba francamente bien. Con los primeros acordes del cuarto movimiento ya lo tenía todo a punto. Pero cuando los contrabajos y los chelos enunciaron el “tema de la alegría” y los fagotes comenzaron su diálogo no tuve más remedio que claudicar: dejé el cazo y la sartén, aparté la tabla y el cuchillo, clavé, absorta, los codos sobre la mesa para ponerme a la altura de la pantalla, y ya no hubo cena. Ante mí se abría el mayor espectáculo posible: más de dos mil almas, conectadas en directo desde los más diversos rincones del planeta, expresaban sus emociones a través de los comentarios en tiempo real: Wunderschön! Even live on a phone is Incredible! Bravissimo!! Sencillamente grandioso! Amazing, such a wonderful performance! Listening from this global village makes it an extra thrilling experience! Himmlisch! Los comentarios se sucedían a cada segundo, sin tregua, cinco mil, seis mil, siete mil.

Los solistas se pusieron en pie, el barítono entonó los primeros versos de la Oda a la Alegría de SchillerO Freunde, nicht diese Töne! (“Oh, amigos, no cantéis en esos tonos…”). Pensé en la de miles de almas que el maestro Beethoven, en ese preciso instante, había logrado reunir con el mismo espíritu: Alle Menschen werden Brüder Wo dein sanfter Flügel weilt (“Y todos los hombres serán hermanos bajo tus alas bienhechoras…”). Pensé también en la acción terrorista que apenas unas horas antes, en el puente de Londres, había vuelto a sacudir Europa. Seid umschlungen, Millionen! Diesen Kuß der ganzen Welt! Brüder, über’m Sternenzelt Muss ein lieber Vater wohnen. (“¡Abrazaos, millones de seres! ¡Este beso para el mundo entero! Hermanos, sobre la bóveda estrellada, habita un Padre amante…”). ¿Europa? Europa es el alma de Beethoven. Europa no la construye un Tratado, no la sostiene un mercado, ni la compra una moneda. Europa no la pierde un político, ni la gana un equipo de fútbol en la Champions (cuyo himno, por cierto, es un remedo del Zadok The Priest del gran Haendel), ni la rompe un Brexit (que aun habrá quien piense que Inglaterra ha dejado de ser Europa por el Brexit), ni la arrolla un yihadista con un cuatro por cuatro.

Mientras haya un pálpito que haga reventar de emoción a dos mil almas ante una pantalla oyendo a un director poner en pie a un auditorio con la Novena de Beethoven, habrá esperanza para Europa. Mientras el maestro Carlos Núñez haga vibrar las piedras de la catedral de Compostela con los instrumentos reconstruidos del Pórtico de la Gloria, habrá esperanza para Europa. Mientras Antígona, Hamlet o don Quijote sigan inspirando el corazón de algún joven, habrá esperanza para Europa. Para esa Europa silenciosa que es sinónimo de todo un modelo de civilización, que vertebra y construye y celebra y vive en libertad su libertad, trabajosamente ganada a lo largo de la Historia. Ihr stürzt nieder, Millionen? Ahnest du den Schöpfer, Welt? Such’ ihn über’m Sternenzelt! Über Sternen muss er wohnen. (¿Os prosternáis, millones de seres? Mundo, ¿presientes al Creador? ¡Búscalo por encima de las estrellas! ¡Allí debe estar su morada..!).

Todo eso pensaba yo, viendo dirigir a Dudamel.

Y mis hijos, sin cenar.

europa, beethoven, dudamel

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2 comments

  1. Pues si vieráis lo que ha hecho otro director de orquesta (español) también con la Novena, y también en Hamburgo este verano, pero con un público diferente: LOS REFUGIADOS , ya si que te quedarías helada.

    https://www.youtube.com/watch?v=v6ISohrs-Y8

    Su proyecto A KISS FOR ALL THE WORLD lleva precisamente la ODA DE LA ALEGRIA a las personas que más necesitan de ella, y que jamás podrían pagarse una entrada en un auditorio. Bonito ¿verdad? Para no perderles la pista, ni al proyecto, ni al director: Iñigo Pirfano. 🙂

  2. ¡Qué rrrrrrrrrrrrebién escribes, “joía”, y que razón tienes en todo! Beethoven, un verdadero titán y Dudamel, una esperanza que es ya un tiempo muy presente

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