¿Halloween? No, gracias

halloween no gracias

Ayer me encontré quejándome amablemente ante la coordinadora del colegio de mi hija de 4 años porque había vuelto a casa con un dibujo de una calabaza con un sombrero de bruja. Pensaréis que es un colegio público. Ay, amigos… No lo es. Privado y católico. Repito: Privado y, sobre todo, CATÓLICO. Y la coordinadora llevaba toca y una cruz bien grande en el pecho. 

Hacía varios días que rumiaba el contenido de este artículo y posiblemente si tuviera más tiempo (y estuviera menos cansada, todo hay que decirlo) habría dedicado más líneas a lo que tengo que decir. Pero así son las cosas. Por suerte la conversación de ayer me dio el empujón definitivo.

Me había preparado mi argumentario mental varias veces para no olvidarme ninguno de los puntos. Pero reconozco que, si bien lo viví con la libertad de quien tiene el derecho a expresar su desacuerdo con educación, también habitaba en mí una cierta incomodidad por tener que dar los argumentos que di a una religiosa formada y, bajo mi punto de vista por lo poco que la conozco, muy competente en su campo. Y sin embargo, ese dibujo de la calabaza llegó a mi casa, y salía de sus aulas.

Pues bien, procedo a elencar aquí el argumentario que presenté ante la monja:

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