Morir como perros

morir como perros

Leí el otro día un artículo conmovedor en el que un veterinario relataba cómo los perros buscan desesperadamente la mirada de los amos cuando les administran la inyección letal que los “duerme” (que los mata, entiéndase) y lo importante que es la presencia de su “familia” mientras les llega la muerte. “Los últimos momentos del animal suelen ser frenéticos y miran a su alrededor para buscar a sus dueños. Perciben cuándo toman la decisión de terminar con su sufrimiento, se sienten vulnerables y, en consecuencia, lo mejor es que siempre estén al lado de ellos para tranquilizarlos, además de darles el último adiós”, relataba este veterinario “cansado y con el corazón roto”, que apostillaba: “¡Las personas son el centro de su mundo durante toda su vida! Sin embargo, el 90% de los propietarios no quieren estar en la habitación cuando se les administra la inyección letal”. Según el profesional, los animales “buscan en cada rostro a la persona amada. No entienden por qué los dejas cuando están enfermos, asustados, viejos o muriendo de cáncer y necesitan tu cariño…”.

Tenemos en casa una frenchie y una mastina (algún día os contaré la historia de Vilma y Betty) que llenan nuestros días de esa luz que solo un peludo puede dar, y conforme iba leyendo el artículo me asaltaban infinidad de sensaciones y pensamientos. Desde la pena infinita y el vértigo ante la realidad de que algún día nos dirán adiós, hasta la rabia y la indignación contenida por ver cómo somos capaces de empatizar con las causas más nobles, animalismos y ecologías, mientras nosotros nos deshumanizamos (¿o debería decir nos desanimalizamos?) muriendo entre cables, en la aséptica sala de un hospital, más solos que la una, cuando no pidiendo la hora de pura depresión.

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¿Qué libertad?

libertad big data

No descubro nada si les digo que el universo digital, en cualquiera de sus multiformes tentáculos, sabe mil veces mejor que yo misma quién soy, dónde he estado esta mañana, qué he hecho, dónde acabo de comer, en qué supermercado […]

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Mis queridos hombres

Que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero…   Mis queridos hombres, varones de bien que en estos tiempos de ruido andáis, como canta el tango, solos, fané y descangallados; señalados, juzgados, cuestionados, vulnerables, desnortados, sin saber […]

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El gran miedo

miedo síndrome de down

Última hora: según la ONG Down España, casi el 100% de las mujeres embarazadas de un hijo con síndrome de down, abortan. Lamentablemente, no me sorprende. Pasado mañana, cuando tengamos implantado el test de detección prenatal del autismo –solo es […]

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Grandes historias para jóvenes lectores

grandes historias para jóvenes lectores

Ahora que me veo a cada instante consultando las redes, viendo fotos, leyendo mensajes en el móvil, vídeos en la tablet y series en el ordenador, me pregunto cuándo dejé atrás aquel mundo de papel que era infinitamente más rico que cualquier pantalla. Y, sin demonizarlas, porque sería tan absurdo como negar el futuro, reconozco que estoy deseando que mis hijos crezcan un poquito para que aprendan a leer y poder iniciarlos –esa es la palabra– en la Gran Aventura del Papel.

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Noches de paz

Yiruma y sus noches de paz

Víspera de Nochebuena. Me siento ante el ordenador, en plena madrugada. Es mi único momento de paz de la jornada. Mis hijos hace un buen rato que duermen y el silencio invade –al fin– como un bálsamo, cada rincón de […]

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Adopciones, la larga espera

adopción

Antes de que llegara el mercadeo abominable de la subrogada, la respuesta era siempre la misma: “¿Ah, no podéis tener hijos? ¿Y por qué no adoptáis?”. Adoptar. Como si fuera cosa de chasquear los dedos. Como si los miles de […]

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Compañeras de colegio: tinta indeleble

compañeras de colegio

Mantengo desde hace tiempo un grupo de whatsapp (antes la relación fue por email, y mucho antes, a través de números de teléfono guardados en viejas agendas) con mis compañeras de colegio. Todas ellas mujeres –colegio de chicas y uniforme: […]

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Madre

-¿De dónde venía yo cuando me encontraste? -preguntó el niño a su madre. Ella, llorando y riendo, le respondió apretándolo contra su pecho: -Estabas escondido en mi corazón, como un anhelo, amor mío: estabas en las muñecas de los juegos […]

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