Tres tentaciones del ama de casa (inexperta)

Tentaciones de la ama de casa

Y lo de ama de casa “inexperta” lo digo por mí. Empecé a trabajar de lo mío antes de terminar la carrera y desde entonces solo he tenido la interrupción de mis permisos por maternidad. Así que lo de empezar a dedicarme de forma casi exclusiva a la vida doméstica y familiar ha sido un reto importante para mí. Pensaba que esto era bastante sencillo, que me iba a sobrar el tiempo para tener la casa en orden, que podría cocinar más y mejor, que no me iban a faltar momentos para atender a mi familia, que tendría tiempo para leer, para hacer más colaboraciones en medios, y no sé cuántas cosas más… Creo que se me olvidaba que tengo cinco criaturas y que soy algo insensata.

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A vueltas con el orgasmo femenino

a vueltas con el orgasmo femenino

Me voy a meter en un jardín… Y no sé si sabré salir.

Hace unas semanas vi un anuncio de Durex en la televisión que decía así: “Dos de cada tres mujeres no siempre llegan al orgasmo en sus relaciones. Esto tiene que cambiar”. Y para resolver el problema, la marca proponía comprar su nuevo gel revolucionario. Nada, chica, que usas ese gel prodigioso y problema resuelto: tienes los orgasmos de tu vida. Evidentemente, cada empresa tiene que vender su producto, pero me quedé pensando en el fondo del mensaje: Si dos de cada tres mujeres (¡dos de cada tres!) tiene que usar un gel o cualquier otro artilugio sexual para llegar al orgasmo es como decir que algo no funciona del todo bien en la mujer y por eso tiene que acudir a soluciones externas, ¿no es así?

En esta misma línea, una encuesta realizada por Bijoux Indiscrets, una empresa que se dedica a comercializar productos y juguetes eróticos, revela que el 52,1 por ciento de las mujeres ha fingido orgasmos alguna vez, que el 43,2 por ciento lo hace para dar por finalizada la relación sexual, y que un 22,5 por ciento de las mujeres no logra el orgasmo durante el sexo nunca o casi nunca. Inquietantes estadísticas. Sobre todo hoy en día en que parece que todo el mundo tiene una vida sexual de lo más satisfactoria.

¿Va a resultar entonces que las mujeres estamos mal hechas? ¿De verdad ese es el problema?

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Mi casa tendría que ser más grande

“Mi casa tendría que ser más grande”, me digo una y otra vez mientras buceo por enésima vez en Idealista para encontrar el hogar de mis sueños… Si así fuera -me repito y me convenzo- la vida familiar sería más fácil y mucho más relajada. Sin duda, sería más feliz. En una casa más grande no tendría que hacer tetris con las tronas de los bebés cada vez que quiero abrir el lavavajillas e incluso cabría una persona de pie en el cuarto de los chicos cuando las literas abatibles están abiertas. Dicen que el roce hace el cariño, pero tengo comprobado que intentar cocinar mientras esquivo de puntillas a los bebés que gatean por el suelo o mientras pido a propios y extraños que se aparten otra vez para abrir el cajón de las ollas hace de todo menos sacar el cariño que llevo dentro.

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La herencia que nos dejaron

Ilustración de María Olguín Mesina para el artículo "La herencia que nos dejaron". Isis Barajas. Revista Misión
Ilustración de María Olguín Mesina

Sus manos cuadradas, chatas y mullidas me transportan a otro tiempo. A aquellos años de infancia en los que, sentada en las rodillas de mi padre, disfrutaba cogiéndole la mano. Era tan gordita, suave y, sobre todo, blandita, que me entretenía apretándola con las mías, tan pequeñas y huesudas. Mi padre reía divertido; le parecía graciosa esa predilección mía por su manos grandes y fuertes, a la vez que suaves y achuchables. En los días previos a su muerte, junto a la cama de la UCI de un gran hospital, me despedí de él mientras volvía a acariciar esas manos, ya menos rellenas pero igualmente blanditas que todavía hoy recuerdo con todos sus detalles.

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Menos corresponsabilidad y más entrega

De un tiempo a esta parte escucho mucho hablar de “corresponsabilidad en el hogar” en el sentido de “reparto equitativo de tareas” entre hombre y mujer. A priori puede parecer una reclamación noble y necesaria, pero a mí me parece francamente insuficiente.

No niego que puede ser práctico repartir tareas por logística familiar, pero no comparto en absoluto que la razón de fondo deba ser una cuestión de igualdad entre los sexos. Para mí no hay otro motivo que sostenga la gestión del hogar que el amor al otro y la entrega mutua. Sí, sé que puedo parecer un poco exagerada, pero es que no somos una empresa. Y si el amor conyugal está en el corazón de la vida familiar, también lo está en las tareas domésticas.

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Sobre perros y familias numerosas

Cada hijo es amado singularmente, es apreciado y valorado por quién es, cada uno es distinto, es único, es maravilloso a nuestros ojos. No por tener más les queremos menos, ni les tratamos en lote.

Hace algunos días, una mujer muy querida para mí escuchó la siguiente conversación en la panadería:

– Mira a esa, embarazada otra vez.

– ¡Qué bárbaro! Como perros…

Ella, que está esperando a su sexto hijo, hizo como si no escuchara nada, y del mismo modo que entró, se marchó.

Las madres de familia numerosa a veces escuchamos este tipo de comentarios que nos atraviesan como una punzada el alma. Una se siente tan humillada y dolida que ni siquiera salen palabras de la boca para responder como es debido. Pero yo hoy, con permiso de mi amiga, sí quisiera explicarle, con todo mi respeto, algunas cosas a aquella señora.

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Esas preguntas inoportunas sobre sexo

Las preguntas sobre sexo nunca llegan en el mejor momento. Normalmente, estás en la cola del supermercado o en el coche con los hermanos pequeños, cuando tu hijo te grita desde atrás un “¡mamáaaaa!, ¿qué es f…?”.

El otro día mi hijo de ocho años cogió un papel del suelo. Ponía algo así: “Nueva en el barrio. Masajes desde 20 euros. Llámame al…”. Y de fondo, una mujer semi desnuda en una postura sugerente.

-Mamá, ¿qué es esto?

-Deja eso, ¡no se cogen las cosas del suelo! –corrí a responder.

-Pero, mamá, ¿que qué es esto? -me contestó muy serio.

-¡Que nada! ¿No te he dicho mil veces que no se cogen las cosas del suelo? –entré en bucle.

Ya iba yo a arrebatarle el papelito de las manos, cuando mi marido se acercó con una tranquilidad pasmosa. “Deja, ya me ocupo yo”. Y pensé: “Perfecto, ¡todo tuyo!”. Me adelanté en el paseo con el resto de la camada y los dejé a los dos solos charlando. “A ver, hijo, ¿qué pone en ese papel?”, oí que decía mi marido, mientras yo me alejaba con los pequeños. Y ya no alcancé a escuchar nada más.

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Cinco minutos más de cuento

Martes por la noche, antes de ir a dormir. Estaba contándole un cuento a mi hija de tres años. Llegamos a unas páginas repletas de hadas, y mi pequeña, inocente ella, me preguntó: “Mamá, ¿cómo se llama esta hada?”. “Rosa”, contesté yo. “¿Y esta, mamá?”, continuó. “Violeta”. “¿Y esta otra?”… Suspiré. Sabía que no iba a terminar de preguntar hasta llegar a la última de las veinte hadas que aparecían en aquella doble página infinita. Era tarde, era hora de irse a dormir; de hecho, ya deberíamos estar rezando. Yo estaba agotada, no veía el momento de tenerlos a todos acostados y descansar un rato en el sofá. Aunque, en realidad, todavía quedaba por recoger la cocina, doblar la ropa, dar la última toma a los bebés que se empezaban a inquietar… “¡Mamáaaaaaa! ¿que cómo se llama esta hada?”.

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Dos mejor que uno… Las ventajas de tener gemelos

Los gemelos y mellizos se estimulan y ayudan mutuamente

Este es mi particular alegato a la maternidad múltiple. Así, tal cual.

Si estás esperando gemelos o mellizos, seguro que ya te has encontrado con alguna que otra cara de susto al dar la feliz noticia. Y es probable que, desde que supiste que llevabas dos criaturas en tu vientre, no hayas hecho más que leer y escuchar sobre las dificultades que te va a conllevar tener gemelos. Pues sí, dificultades habrá muchas… pero ¡que no cunda el pánico!, porque ventajas también hay unas cuantas. Así que, dejemos lo negativo a un lado (que de eso ya sabemos mucho), y centrémonos en los enormes beneficios que, durante el primer año de vida, yo he descubierto en la maternidad múltiple.

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