“Antes de morir, mi hijo me señalaba el Cielo con el dedo”

Un día Santi empezó a vomitar y a tener fiebre alta. Sus padres, Santiago Cañizares y Mayte García, acudieron a urgencias del hospital. Pensaron que sería cualquier virus o enfermedad común. Pero no fue así. Su pequeño de 3 años tenía un meduloblastoma, un cáncer infantil muy grave localizado en el cerebelo, del que -según les dijeron- pocos niños sobreviven. La vida del pequeño Santi se quedó colgando de un hilo cuando, días después, empezó a convulsionar y entró en coma. Le siguieron dos infartos cerebrales. Santi, sin embargo, sobrevivió a aquellos episodios dramáticos. Todavía tenía una gran misión por cumplir, para la que necesitaría 15 preciosos meses.

Mayte García / Fotografía: Almudena Gavilanes

El pasado martes, Mayte García abrió su corazón a un nutrido grupo de personas en un evento organizado por Verderón y Electrolux España  bajo el lema “Haz tu vida deliciosa”. Ante un público conmovido, la esposa del ex futbolista contó sin edulcorar cómo transcurrió ese año y tres meses junto a su hijo enfermo hasta que finalmente “se marchó al Cielo”.

Tras los dos infartos, Santi permaneció ingresado en la UCI. “En ese momento fui incapaz de entrar a ver a mi hijo. No podía imaginarle con toda la cabeza abierta, totalmente entubado, dormido y lleno de cables”, explicó Mayte. “Estuve 48 horas en la puerta de la UCI sin poder entrar, hasta que el jefe de servicio me dijo que, en unas horas, mi hijo podría morirse y yo no me lo iba a perdonar en la vida. Entonces nos hicieron la pregunta de si queríamos continuar o dejábamos que se fuera ya. Pero si mi hijo había sido capaz de luchar, su padre y su madre íbamos a ir con él hasta el final”.

Tras 45 días en coma, Santi despertó. “Me encontré con un niño que solo me miraba a los ojos; ni andaba, ni comía, no movía ninguna parte de su cuerpo”, recordó Mayte. Pero, a partir de ese momento, ella tomó una gran determinación: “Quería que mi hijo fuera feliz todo el tiempo que estuviera, porque, aunque con tres años y medio estuviera enfermo, esto no significaba el final de la vida. Así que le dije a mi esposo que él se encargara más del tema médico, que yo me iba a ocupar de hacer feliz a mi hijo, y no solo a él sino también a nuestras otras tres hijas [dos de ellas, trillizas de Santi]”.

Y así fue. A pesar de los duros tratamientos por los que tuvo que pasar su hijo, Mayte define su vida familiar en ese tiempo como “una fiesta”. “Aunque nos dijeron que no volvería a caminar ni a comer, yo me levantaba con la mejor sonrisa, me maquillaba, me ponía preciosa y me iba al hospital con él. Y Santi volvió a caminar y volvió a comer”.

Encontrar la paz en la fe

Durante todo este tiempo, Mayte explicó lo importante que fue para toda la familia aferrarse a la fe. “Encontramos la paz en la fe. Todas las noches rezábamos el Rosario con Santi (él tenía el suyo propio) y también a las niñas les hicimos partícipes de nuestra fe”. Y, mientras tanto, el pequeño les iba regalando una auténtica lección de vida: “A Santi jamás le vi quejarse y siempre tuvo una fortaleza innata. Nos enseñó a ser mejores personas, a valorar el día a día, y creo que lo sigue haciendo. En este tiempo jamás me pregunté por qué a mí, jamás sufrí un enfado. Mi hijo me enseñó durante 15 meses que me había elegido como madre, que teníamos un pacto de vida entre él y yo, y que si me había elegido yo no podía defraudarle”.

Sin embargo, Santi empeoró mucho y se iba acercando ese momento terriblemente inhumano que es despedir a un hijo. El tumor estaba totalmente diseminado por el cerebro y el pequeño se iba apagando poco a poco. “Una semana antes de fallecer, Santi levantaba el dedo señalando el Cielo constantemente. Él nunca hablaba, pero con la mirada me lo decía todo. Yo le preguntaba: ‘Santi, ¿por qué me señalas el Cielo?, ¿tú quieres irte al Cielo?’ Y él me decía que sí con la mirada. Con esto entendí que hay algo más después de esta vida, porque un niño de cuatro años y medio al que nunca le habíamos hablado de la muerte me estaba dando a entender que se iba a marchar”.

Permiso para marchar

En los días siguientes, Mayte recordó la imposibilidad que sentía de despedirse de Santi: “No quería ser egoísta y retenerle aquí, pero no sabía cómo iba a vivir el día después”… Finalmente, su marido le dijo que hasta que ella no le diera permiso, el niño no se iba a marchar. Así fue como Santiago Cañizares cogió a su hijo en brazos y Mayte, junto a él, le susurró: “Santi, busca la luz, porque, desde este momento, tu madre va a vivir cada día por ti. Cuida de tus hermanas y busca la luz porque eres un ángel”. En ese momento, su hijo respiró hondo y “se marchó”. “Durante 15 meses me había estado preparando para vivir este momento -relató Mayte-, él sabía lo que estaba haciendo”.

¿Es posible volver a tener fe tras un suceso como este? ¿Es posible tener nuevos sueños e ilusiones? Mayte García asegura que no es fácil, pero no es imposible. Ellos, desde luego, optaron por aferrarse a la esperanza. “La naturaleza nos da una fuerza sobrenatural para enfrentar una situación como esta”, explicó al leer una carta preciosa que había escrito para aquel evento organizado por Verderón. “La felicidad no es éxito ni dinero ni riqueza, sino encontrar el sentido profundo de la vida. Tenerlo todo no es necesariamente tenerlo todo”.

El cáncer infantil, ¿una enfermedad rara?

El Sueño de Vicky y Santi

Hoy en día, se diagnostican al año 1500 casos de cáncer infantil en España. Se trata de la primera causa de mortalidad en niños y adolescentes de entre 2 y 16 años, y, a pesar de ello, es considerada como una enfermedad rara. Por esta razón, los recursos económicos públicos dedicados a la investigación son casi inexistentes. Hoy, Mayte García y Santiago Cañizares colaboran de cerca con la fundación El sueño de Vicky, cuya finalidad es recaudar recursos económicos para sostener proyectos de investigación que permitan la curación de los niños que sufren esta enfermedad. Detrás de El sueño de Vicky está Laura García Marcos. Ella sufrió también el mazazo letal del cáncer con su hija Vicky, quien falleció a los tres años de edad.

 

 

Mayte García y Laura García / Fotografía: Almudena Gavilanes

Laura, quien también estuvo presente en el evento organizado por Verderón, recalcó que “sin investigación no hay cura”. Para ella, ser la madre de Vicky es un regalo y ha sido precisamente su hija quién le ha dejado la misión de luchar por la investigación en el cáncer infantil. De hecho, su pequeña falleció un día después de que Laura creara El Sueño de Vicky. Ella ya no puede salvar a su niña, pero su empeño es luchar para salvar la vida de los hijos de los demás. Quizá del tuyo o del mío… no lo sabemos. Actualmente, la fundación está financiando la Unidad de Tumores Cerebrales del Hospital Niño Jesús y un ensayo clínico en la Universidad de Navarra. “Ojalá nunca lo tengáis que usar, pero si lo necesitáis, ya está”.

Hay muchas formas de colaborar con El Sueño de Vicky: desde hacerse socio por una cantidad mínima de 10€ al mes, comprar algo de su precioso merchandasing, acudir a alguno de los eventos que organizan o simplemente haciendo correr la voz. Entre otras cosas, Mayte y Laura desean poner de moda el dorado, que es el color que representa el cáncer infantil, al igual que el rosa representa al cáncer de mama.

“Haz tu vida deliciosa”

Con este precioso lema, Verderón y Electrolux España organizan periódicamente “eventos con alma”, gracias a la participación de grandes testimonios que nos ayudan a mirar al Cielo sin dejar de tener los pies en la tierra. Por la casa Verderón han pasado ya, entre otros, Paloma Blanc, de @7paresdekatiuskas, Mª Teresa Robles, de @ponundownentuvida, o la propia Laura García, de @sueñodevickyEl pasado martes, Macarena, una de las mujeres que hay detrás de Verderón, explicaba que estos eventos buscan transmitir que cada pequeño detalle cotidiano “puede tener vibración de eternidad” y que lo realmente importante consiste en “vivir enganchados al Cielo”.

Fotografías: Almudena Gavilanes  y María López Jurado

Es el primer evento al que yo acudo, pero puedo afirmar que logran lo que buscan. Detrás de Verderón hay un equipo muy especial, atento a los detalles, pero sobre todo a las personas. Yo acudí con mi bebé de ocho meses. Permanecí al final, en un discreto segundo plano, porque mi pequeño me mantenía bastante entretenida. En un momento en el que se puso a llorar, la propia Maca, anfitriona del evento, lo cogió en brazos y lo estuvo calmando durante un buen rato. No puedo imaginar la cantidad de cosas a las que tiene que prestar atención la organizadora de un evento con cerca de 50 personas invitadas. Sin embargo, ella se tomó el tiempo de pararse, degustar el momento con una tierna sonrisa y ocuparse de mi pequeño con dulzura. Este sencillo gesto dice mucho de las personas que hacen posible estos “eventos deliciosos” de Verderón, aquellas que son capaces de mirar al corazón de las personas por encima de la futilidad de las cosas. 

Maca, de Verderón, calmando a mi bebé… Haciendo de los detalles cotidianos algo delicioso

 

 

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4 comments

  1. Que preciosidad Chicas…me encnata vuestro blog..Y este testimonio impresionante…me ha encantado
    Tengo el mio que os lo pongo por si os gusta..Alegria de Dios.

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