Las bicicletas son para el pueblo

las bicicletas son para el pueblo

El pueblo tiene sus reglas no escritas. Esas que se repiten año tras año, verano tras verano, y que nos encienden la memoria de infancias pasadas, inocencia olvidada y noches bajo la luz de un manto estrellado.

El pueblo es ese lugar impertérrito decorado con grafitis de los quintos de hace dos décadas, donde conviven los nuevos chalets con corrales abandonados, y donde los coches se apelmazan por las estrechas callejas en los frecuentados fines de semana de los meses estivales.

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El arte de aprender la propia fertilidad

Considero que el conocimiento de la fertilidad es un camino emocionante. Encuentro fascinante profundizar en la perfección del cuerpo humano y su diseño tan inteligente. Cuando enseño fertilidad a una mujer, trato de trasmitirle en primer lugar su relevancia (más en “Por qué deberías conocer tu fertilidad”) para que después pueda decidir si quiere entrar en el proceso de conocerla, con lo que esto conlleva. Se requiere un compromiso y hacerse responsable. Con mucha más razón cuando se hace en pareja y como medio de planificación familiar.

Desconfío de las apps o cualquiera de los artilugios que prometen un control de la fertilidad sin apenas esfuerzo y disciplina. Tampoco valen las fórmulas excesivamente simples, como el típico conteo de los 14 días. La fertilidad no se aprende haciendo “la cuenta de la vieja”, un cálculo aproximado que da bastante error (muchos embarazos no esperados vienen de aquí). Estos caminos pueden ayudar con suerte, pero no son ni muy rigurosos ni muy confiables. No son más que pinceladas vagas de lo que puede ser un gran cuadro.

A pesar de todos los avances tecnológicos que existen, al final, la protagonista de tu fertilidad eres tú, mujer. La fertilidad es parte de ti, y nadie mejor que tú misma para conocerla bien. La mejor manera es usar un método de conocimiento de la fertilidad que permita entender los ciclos en todas sus variedades. Estos métodos utilizan y ordenan los tres signos o indicadores de fertilidad mayores, universales y reconocidos científicamente: la temperatura corporal basal, los cambios en el cérvix y la secreción cervical, el más grande de todos. La observación y el registro diario que requieren, no resulta tedioso ni pesado, es un hábito que se adquiere, de hecho, se tarda menos que en lavarse los dientes. Son métodos fiables y sencillos: el Método Sintotérmico usa los tres indicadores, el Método de la Temperatura usa el indicador de temperatura corporal basal, y el Método de la Ovulación Billings usa el indicador de la secreción cervical (su apariencia y la sensación que produce en la vulva). Cada uno tiene sus reglas de uso, ventajas e inconvenientes, y no a todas las mujeres les viene bien el mismo. Lo importante es que todos ellos tienen alta eficacia si se utilizan correctamente (si quieres saber más sobre los métodos y sus eficacias pincha aquí).

Como todo arte, y el conocimiento de la fertilidad puede serlo, primero hay que ser aprendiz. Es mejor que te enseñen a respetar las reglas de la pintura al óleo para no hacer un “Ecce Homo” como el de Borja. Es conveniente interiorizarlas y practicarlas bajo el monitoreo del que ya está avanzado y puede resolver dudas. El trabajo de un buen instructor en la enseñanza de la fertilidad es despertar a ese artista que se esconde detrás de cada mujer, y que al principio enfrentará baches y dudas. En la enseñanza personalizada de la fertilidad el énfasis se pone en que cada mujer es distinta, para observarse y conocerse. No necesitarás un maestro eternamente, pero sí tendrás la tranquilidad de saber a dónde acudir en caso de SOS, por si cambias de situación reproductiva y/o necesitas un recuerdo, como por ejemplo en una lactancia. O lo que sea.

El momento ideal para aprender es desde la primera menstruación. Sin embargo, nuestra cultura no ha introducido la enseñanza temprana de la fertilidad, a pesar de su importancia. Pero siempre es buen momento. No pasa nada, porque la vida fértil de una mujer dura muchos años más, hasta la menopausia, por lo que siempre se está a tiempo de empezar y prepararse bien. Si lo tienes claro, cuanto antes mejor. Y si piensas que para ti será difícil porque “tienes los ciclos irregulares” o “estoy en la premenopausia, ya es tarde”, te aseguro que no es así. Muy al contrario, estos métodos sirven para todo tipo de mujer, independientemente de las características de sus ciclos, de su etapa fértil, de si mantiene relaciones sexuales o no. La inscripción para la escuela del arte de la propia fertilidad siempre es pertinente y sus puertas están abiertas. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces. 

Una nueva vida, o un decálogo de motivos para irme de Instagram

Decálogo de motivos para irte de Instagram

Se avecina tormenta. Imagino que con un título así muchos querrán contar su propia experiencia. Adelante: pasad y opinad, que de eso se trata, pero sin atacar a nadie. Este post es simplemente mi experiencia y mi opinión con la aplicación de Instagram. No pretendo sentar cátedra y tampoco creo que en este tema haya verdades universales, solamente opiniones personales. Me encantará leer vuestras experiencias en este peliagudo asunto.

Todo empezó cuando caí en la cuenta de que llevo tiempo leyendo menos. No me malinterpretéis: leo mucho, pero últimamente menos de lo normal. Así que empecé a analizar mis propios hábitos y enseguida supe cual era la razón. Ay amigos, era Instagram. De repente caí en la cuenta de los minutos que me robaba aquí y allá a lo largo de la jornada. Porque, ¿sabéis? Seguía a 1.300 personas, y eso es mucho decir. Mucho tiempo que dedicarle, porque por mucho scroll que hiciera nunca acababa de ver todo. Nunca. Levantaba la vista y habían pasado quince minutos. “Un minutito más y ya acabo”, me decía a mí misma. Levantaba la vista y habían pasado otros quince.

Y en realidad, bien pensado, no empezó con el tema de la lectura. Quizá con la lectura la cuestión se puso ya encima de la mesa. Pero, meditándolo bien, en realidad el tema lleva mucho más tiempo en la trastienda de mis pensamientos, teniendo en cuenta los quebraderos de cabeza que me ha provocado la cuestión de la privacidad. Qué compartir, cuánto compartir, con qué criterios, con qué límites, pero sobre todo… ¿Por qué?

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Por qué deberías conocer tu fertilidad

A mi hija mayor le llevo insistiendo mucho tiempo para que pruebe el flan casero. Para mí, un descubrimiento. Pero por más que lo intento, la textura blandengue no le convence. A la pequeña, sin embargo, le bastó un segundo para convertirse en adicta. De la misma manera, y salvando las distancias, todas las mujeres, en algún momento de su vida fértil, tienen que recibir la invitación para conocerse. Las habrá reacias y desconfiadas, pero también curiosas y, muchas veces, necesitadas. Sea quien sea quien descubra este apasionante mundo de la fertilidad estará siempre agradecida.

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¿Qué libertad?

libertad big data

No descubro nada si les digo que el universo digital, en cualquiera de sus multiformes tentáculos, sabe mil veces mejor que yo misma quién soy, dónde he estado esta mañana, qué he hecho, dónde acabo de comer, en qué supermercado he comprado los pañales, cuánto me he gastado al mes en fármacos, adónde me gustaría irme de vacaciones, en qué bar me he tomado un café (“ha pasado usted aquí más de quince minutos”, deduce el sagaz Google Activity), adónde envío flores cada 14 de mayo, a qué hora me levanto los jueves, a qué dirección me envían un taxi (“¿está usted seguro?”, pregunta educadamente Mytaxi cuando me he equivocado en un número que difiere de la implacable geolocalización) o por qué inquietante motivo que no alcanzo a recordar una tarde tecleé “gif negro tira agua” en el buscador del móvil.

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Hasta pronto, amiga

Tú habías sufrido una recaída en tu enfermedad crónica, el Sida

Ahí estábamos las dos, sentadas en el suelo de la terraza de tu casa, si se le puede llamar así a un cuarto oscuro con paredes y techo de adobe, similar al que usa mi abuela en su corral para guardar las patatas de la huerta. Tú en tu mugriento colchón y yo en una esterilla en no mejores condiciones. Nos reíamos de nosotras mismas, de que las dos estábamos enfermas, bromeábamos con que Gode no es una buena ciudad para vivir. Yo llevaba varios días con un dolor articular que me impedía moverme con normalidad, tú habías sufrido una recaída en tu enfermedad crónica, el Sida, y ya apenas podías levantarte del colchón. En las últimas semanas habías perdido muchos kilos, tenías fiebre con regularidad, apenas comías… Sin embargo, me sorprendió cómo de tu extrema debilidad todavía sacabas fuerzas para dar un baño a tu hija de cinco años y trenzarle ese pelo estropajo africano.

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Lo que de verdad sostiene a una familia con 12 hijos

“No solo hay que ser buena sino que que hay que estar todo lo buena que puedas estar”. ¡Ahí es nada! Con ustedes: Mar Dorrio, una mujer que desborda fortaleza, agudeza, sabiduría y buen humor. Casada con Javier desde hace 21 años y madre de 12 hijos en la tierra y otros cuatro en el Cielo, no tardó ni un minuto en aceptar esta entrevista. La primera de una serie de entrevistas a mujeres inspiradoras, que esperamos ir ofreciéndoos periódicamente.

Eficaz, atenta y extremadamente servicial, Mar es una de esas personas a las que conviene arrimarse, y es que es capaz de iluminar la experiencia de la vida familiar con total sencillez y acierto. Lo hace a través de su blog Why not twelve? y ahora también a través de un nuevo proyecto llamado “El café de los viernes” que ha abierto al mundo a través de su cuenta de Instagram. Sobre todo ello, y, por supuesto, sobre su vida familiar, quiero yo preguntarle a esta mujer que me duplica en número de hijos y de la que no hago más que aprender. ¿Qué es lo que de verdad sostiene a una familia con 12 hijos? Pasen y lean.

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Como sabéis, a partir del 25 de mayo de 2018 entra en vigor el nuevo Reglamento Europeo de Protección de Datos (GDPR). Para reforzar nuestro compromiso con la protección de tus datos personales, hemos actualizado nuestra Política de Privacidad conforme a dicho Reglamento.

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Tres básicos para una vida sexual plena

¿Cuánto tiempo dedicas a preparar la maleta para un viaje largo? No puedes ir con prisa. Un viaje así no se prepara las dos horas antes de partir, porque se te pueden olvidar infinidad de cosas. Y depende a dónde vayas, si algo se te olvida, quizá puedas comprarlo allí… o no.

Para ir a Zimbabwe te informaste bien de qué vacunas ponerte, qué tipo de enfermedades podrías coger, y todo tipo de información útil para el viajero.

¿Y si ahora fueras a hacer el viaje más importante de tu vida? ¿Y si te digo que ese viaje es tu relación de pareja? ¿Cómo te prepararías? Me sigue sorprendiendo que, a día de hoy, con tantas indicaciones, estudios y consejos, no sepamos a veces prepararnos para esta gran odisea.

A pesar de que cada uno tenga su forma de preparar el equipaje, hay tres cosas que no se te pueden olvidar en esta aventura, tres básicos para vivir plenamente la sexualidad con tu marido o tu mujer: el desodorante, el cargador del móvil y una guía de viaje. 

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El pequeño boicoteador

No sé si alguien sabrá de lo que hablo, quiero pensar que sí.

Convivo con este pequeño boicoteador desde que tengo uso de razón. En mis peores y también en mis mejores momentos estaba conmigo. Es esa voz interior que minimiza cualquier esfuerzo que yo haga y lo considera interesado. Minimiza mis buenas intenciones y busca su revés negativo. Minimiza mi amor por otras personas y lo considera insignificante. Minimiza mi positividad y la ridiculiza. Minimiza lo mejor.

Pero no os vayáis a creer, esa voz interior también maximiza. Maximiza mis defectos y me hace creer que son insoportables. Maximiza mis arrepentimientos transformándolos en una culpa enorme. Maximiza mis periodos de bajón haciéndome creer que serán para siempre. Maximiza lo peor. 

Y lo preocupante es que esa voz interior soy yo misma diciéndome que no conseguiré hacerlo, que no podrá durar lo bueno, que tendrá que llegar lo malo, que seguro que hay algo que no he entendido… ¿Alguien se siente identificado con este enemigo interior?

El pequeño boicoteador se ceba especialmente con las madres. Es un campo fácil: es muy sencillo hacerles (nos) creer que no son suficiente, que lo han hecho mal, que la de enfrente lo hizo mejor, que te están quitando la vida, que un día más te has vuelto a equivocar aquí y allá… La sombra de la duda, de la desconfianza, del fracaso.

Por suerte, en los últimos años la madurez me ha dado no sólo otro punto de vista, sino las herramientas para combatirlo. Pero sobre todo, un truco. Un truco que es el que hoy quiero compartir.

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